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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 160

Denisa puso las manos detrás de la espalda y se hizo a un lado para dejarlo pasar, con una mirada cálida:

—Sí, vete con cuidado. Que descanses.

Luca asintió y se alejó con pasos largos y pesados.

Denisa se quedó allí, apoyada en el marco de la puerta, contemplando esa salita. En su mente desfilaron infinidad de recuerdos agradables, y la añoranza en su mirada se volvió aún más intensa.

***

A la mañana siguiente, a Iria le dio un poco de berrinche por regresar a clases, pues ya llevaba rato sin ir a la escuela. Pero cuando Luca y Natalia le prometieron que irían los dos a dejarla, la pequeña por fin accedió con una gran sonrisa.

El Bentley negro de Luca se estacionó. Él fue el primero en bajar, caminó hasta el otro lado y abrió la puerta para sacar a Iria. Natalia también se bajó de inmediato.

Luca llevaba un abrigo negro y Natalia vestía una chamarra del mismo color. Viéndolos ahí, parados bajo el frío de la mañana, parecían una pareja impecable, con una presencia que llamaba la atención por lo bien que se veían juntos. Más de un padre se volteó a verlos.

En la entrada de la escuela, los niños entraban en pequeños grupos.

Cuando Luca y Natalia se acercaron de la mano de Iria, la directora y la maestra titular fueron a saludarlos.

Natalia aprovechó la ocasión para comentarles sobre el estado de salud de su hija y las precauciones que debían tomar.

El estatus de Luca y sus constantes donaciones al colegio eran más que suficientes para que a Iria le dieran un trato preferencial. Y aunque él nunca mencionaba el dinero, tanto la directora como las maestras sabían perfectamente que la niña era una minita de oro a la que había que tratar como a la realeza.

En eso, un elegante Maybach negro se estacionó en el lugar de al lado.

Erick abrió la puerta, se bajó y caminó hacia ellos con Lucía, que traía el pelo recogido en dos chonguitos, en brazos.

—¡Luci...! —Iria, que seguía un poco caprichosa, cambió de humor en un segundo al ver a su amiguita.

—Irita, ¿ya regresaste a clases? —Lucía, que era una niña súper risueña, mostró los dientes, se zafó de su tío de un brinco y corrió a agarrarle la mano a Iria. Las dos se pusieron a saltar de la emoción.

Erick se acercó a paso rápido con una sonrisa cálida. Sus ojos buscaron a Natalia instintivamente:

—Natalia, ¿la niña ya está bien?

Natalia recordaba que, cuando Irita recién ingresó al hospital, Erick le había mandado un mensaje para ver cómo seguían.

Le contestó con una sonrisa:

—Ya está recuperada. Ya puede venir a clases.

Erick dejó escapar un suspiro de alivio y murmuró:

—Me alegro mucho de que esté bien.

Luego volteó a ver a Luca y lo saludó asintiendo con formalidad:

—¡Señor Torres!

La cara de Luca se había amargado desde que vio llegar a Erick. Así que solo respondió con una sonrisa igual de fingida:

—¡Señor Guzmán, buenos días!

Tras el seco saludo, Luca paseó la mirada rápidamente entre él y Natalia. Su mandíbula se tensó por completo.

Las dos niñas se despidieron de los adultos y entraron con las maestras.

Luca apartó la mirada de su hija y le habló a Natalia:

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