Denisa palideció del susto y respondió, visiblemente nerviosa:
—¡Dígame, abuela!
Josefa la analizó con la mirada antes de hablar:
—Ahora eres la heredera de los Torres. Tu posición es muy distinta a la que tenías antes. Sé que como mujer soltera quieres tener prospectos, pero... de ahora en adelante, que no manden flores ni regalos a esta casa. No vamos a darles motivos a los de afuera para que hablen mal.
—Abuela, jamás le he dado alas a nadie de que busco una relación. No sé por qué esa gente me manda esas ridiculeces —se defendió Denisa, angustiada.
Cristina intervino de inmediato para defenderla:
—Mamá, no puedes culpar a Denisa. La culpa la tienen esos sinvergüenzas que nada más la andan buscando.
La abuela echó otro vistazo a Denisa; ciertamente era una mujer guapa y bastante atractiva.
—Como sea, debes ser más precavida. Ser de la familia Torres llama mucho la atención, y ocupando el puesto de gerente general en Altium Médica, todos te tienen en la mira. Cada paso que das y cada palabra que dices nos representa a todos.
Denisa sintió el peso de sus palabras. ¿Acaso la vieja sospechaba que ella andaba coqueteando por ahí y por eso le mandaban tantos regalos?
—Luca, tú eres el hermano mayor de Denisa. ¿Qué opinas? —La abuela miró a Luca, que hasta ese momento se había mantenido al margen.
Él acomodó las verduras en el plato de su hija antes de levantar la cabeza con calma:
—La abuela tiene razón. Denisa, ahora eres de esta familia, así que fíjate en cómo te comportas. No te relaciones con esos hombres que traen segundas intenciones, a menos que sea algo de trabajo.
Al escuchar a Luca, Denisa adoptó una actitud sumisa y obediente de inmediato.
—Tienes mucha razón, abuela. Y gracias por el consejo, Luca. Seré mucho más cuidadosa a partir de ahora.
La abuela soltó un murmullo de aprobación, aparentemente satisfecha con la respuesta.
Cristina respiró aliviada, aunque sus ojos pasaban constantemente de Luca a Denisa.
Natalia, por su parte, no dijo ni una sola palabra durante toda la cena. Siguió comiendo en silencio y con la cabeza gacha.
No sabía si era su imaginación, pero sentía que todos en esa mesa llevaban puesta una máscara, repitiendo diálogos que ni siquiera creían con tal de mantener las apariencias. Esa sensación era nueva. Tras la muerte de Adrián, Natalia se dio cuenta de que todos fingían. Ella, como un espectador que se cuela tras bambalinas, había descubierto toda la farsa, pero ya no había forma de salirse.
***
Después de cenar, Natalia se fue con la niña. Luca se quedó en la mansión, pero ella ni se inmutó ni le preguntó el motivo.
Denisa también se quedó a dormir esa noche en la casa familiar.
Cristina jaló a Luca para hablar a solas. Cuando salió de esa plática, su humor estaba por los suelos.
Al pasar por una pequeña sala que quedaba fuera del despacho, se detuvo. Cuando era niño, ese era su escondite favorito. Había una lámpara encendida en la esquina. Se apoyó bajo la luz, sacó una cajetilla de cigarros y, como no traía encendedor, solo se quedó girando un cigarrillo entre los dedos. Su madre acababa de llenarle la cabeza con chismes familiares y había vuelto a insistir con el tema del segundo hijo.
Luca miraba ensimismado la espesa oscuridad de la noche por la ventana.
De pronto, escuchó pasos ligeros a sus espaldas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo