—Te lo agradezco muchísimo, Darío. —Natalia notó que la comida provenía de un restaurante de excelente reputación, y que además quedaba bastante lejos de la clínica.
—No tienes nada que agradecer. Cualquier cosa que necesites, dime y estoy a tu disposición. —Dicho esto, Darío no quiso interrumpirla más y se marchó junto a su asistente.
Mientras observaba su figura alejarse, a Natalia le invadió una leve punzada en el corazón. Definitivamente, ser jefe no garantizaba portarse con el mismo grado de humanidad.
***
Para cuando Natalia regresó al piso, sus emociones estaban más controladas. Iria ya estaba platicando alegremente en su habitación, haciéndoles compañía a doña Josefa y Cristina.
Luca observaba la escena desde un lado, luciendo un semblante bastante más relajado, libre de la tensión inicial.
Sin embargo, al ver a Natalia entrar con las bolsas de comida de un restaurante caro, los ojos de Luca se ensombrecieron sutilmente.
Cristina fue la primera en percatarse del detalle y se levantó enseguida:
—¿Y todavía tuviste el tiempo de ir hasta ese restaurante por comida para llevar...?
—Esto lo trajo Darío; mandó a su asistente por la comida, yo no fui —aclaró Natalia mientras abría los empaques, encontrando unos platillos ligeros y algo de sopa.
Cristina murmuró al aire:
—Ese muchacho Darío siempre ha sido muy atento y se fija mucho en los detalles.
La señora Josefa le echó una mirada de reojo a Luca y soltó un ligero bufido:
—A ver si a ciertos personajes se les baja lo altaneros y aprenden un poco a ser más acomedidos.
Esa pedrada hizo que Cristina se sintiera bastante incómoda al instante. Volteó a ver a Luca, quien estaba sentado en el sillón con cara de palo, fingiendo que la indirecta no iba con él.
Justo después de que le aplicaran su inyección y le dieran de comer, Iria empezó a hacer berrinche porque quería salir del cuarto a dar una vuelta. Como se negaba a estar encerrada, Cristina y la abuela propusieron bajar al jardín de la clínica a dar un paseo. Ni Natalia ni Luca se opusieron; simplemente le recordaron a la pequeña todas las medidas de cuidado que debía seguir.
***
Iria permaneció dos días en el área de observación del hospital. Durante ese lapso, tanto Luca como Natalia la cuidaron sin descanso, llevando su trabajo a distancia desde la misma habitación. El tiempo pareció transcurrir con lentitud.
Cualquier conflicto exterior o disgusto quedó sepultado y silenciado.
A los ojos de sus padres, lo único importante en la vida era brindarle toda la compañía y atención que esa pequeña necesitaba en ese momento.
Denisa fue a visitarla en un par de ocasiones, obsequiándole juguetes y botanas saludables a Iria.
Sin embargo, como Natalia siempre estaba presente, Denisa nunca se quedaba mucho rato y prefería marcharse. Luca solía acompañarla hasta la puerta de los elevadores, aprovechando para conversar con ella asuntos de trabajo y temas más personales.
A lo largo de esos días, Natalia no volvió a mencionar el divorcio, y Luca fingió que esa discusión jamás había existido.
Fuera del constante cuidado mutuo de Iria, su comunicación a nivel pareja fue prácticamente inexistente. Cada palabra que cruzaban giraba exclusivamente en torno al bienestar de su hija.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo