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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 149

Una profunda expresión de sorpresa y desconcierto se apoderó del rostro de Luca.

El aire en la habitación pareció congelarse en ese mismo instante.

—¿La fiebre te está haciendo delirar? —Tras quedarse pasmado en un blanco casi total, sus ojos profundos se clavaron directamente en ella, tratando de encontrar alguna prueba en su cara de que había perdido el juicio por la temperatura.

—No —Natalia levantó la cabeza y lo miró con calma—. Estoy muy lúcida y sé perfectamente lo que digo.

La respiración de Luca se aceleró poco a poco. Apretó los labios delgados en la oscuridad y no respondió de inmediato, aunque su pecho subía y bajaba con rapidez.

Natalia dirigió la vista hacia el vacío y la oscuridad; su voz reflejaba burla y decepción:

—Lo intentamos. Podemos ser socios, compañeros de trabajo, aliados hombro a hombro y amigos en el día a día. Pero no somos como un matrimonio. Después de todo, nuestra boda comenzó también por un proyecto de colaboración; la única prueba de que somos esposos es que Irita llegó por accidente.

Era evidente que Luca contenía el aliento.

Natalia bajó la mirada para burlarse de sí misma y dejó escapar una ligera risa:

—Los socios se basan en intereses comunes y contratos; los aliados se sostienen por un objetivo compartido y por confianza en los negocios; los compañeros son pura colaboración mutua. Nosotros, a lo largo de estos siete años, hemos sido más bien como un par de soldados trabajando juntos; hicimos crecer a Altium Médica desde sus primeras etapas hasta convertirla en una empresa líder.

Inclinó ligeramente la cabeza, devolviéndole la mirada como si estuviera analizando un proyecto que hubiera resultado en un fracaso total:

—¿Pero y como esposos? Luca, ¿qué es lo que se necesita en un matrimonio? ¿Alguna vez lo has pensado?

El rostro de Luca palideció; abrió la boca intentando articular palabra, pero nada salió de ella.

Natalia tampoco esperaba que él comprendiera a fondo ese asunto, porque él siempre había reprobado esa materia.

—Ser esposos implica una entrega emocional íntima; significa ser una prioridad única e invaluable, así como la primera elección de vida para el otro. Compartir las alegrías y las tristezas, criar a los hijos y caminar juntos hasta la vejez. Seguramente… te habrán pasado por la cabeza estas ideas, solo que… no eres capaz de hacerlo. —Al mirarlo, los ojos de Natalia estaban repletos de decepción, pero pronto aplacó esa enorme tristeza—. Olvídalo, mejor ya no hablemos de esto, estos siete años de matrimonio…

—Natalia, cuando uno está enfermo, no es el momento para tomar decisiones; uno no está en sus cinco sentidos. —Después del pesado silencio, Luca la miró y continuó—: Subiré a acompañar a Irita. Tienes gripa, no te acerques a ella, su cuerpecito es muy delicado y no vayas a contagiarla.

Dicho esto, Luca guardó silencio y se dirigió a las escaleras sin decir ni una palabra más.

—Empezaré a preparar los papeles del divorcio desde hoy… —Su tono no fue alto, pero bastó para que el hombre en las escaleras lo escuchara con absoluta claridad.

Luca se quedó rígido en el peldaño y bajó la vista hacia la mujer apoyada en el sofá.

A su alrededor caía un aura de luz muy tenue. Enferma, daba una impresión de fragilidad, pero en sus palabras se seguía notando tenaz y fuerte.

Sin pronunciar palabra, continuó su camino con pasos firmes hacia el segundo piso.

Natalia levantó la mirada para ver las escaleras, se encogió en sí misma y apretó su bata contra su pecho.

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