Con el corazón latiéndole a mil por hora, le envió un mensaje privado a Patricia Rivas.
[Maestra Patricia, gracias por apoyarme y por reconocer mi trabajo. Siempre la he admirado. Me preguntaba si tendría el honor de visitarla algún día. Espero no causarle ninguna molestia.]
Se quedó mirando la pantalla, apretando los labios con nerviosismo.
La respuesta no se hizo esperar.
[Sí.]
Una sola palabra que valía su peso en oro.
A Julia se le cristalizaron los ojos. En un solo día, dos grandes maestros habían dado la cara por ella. Eso demostraba que su talento era real y que, por fin, había sido reconocida.
No supo si fue por el peso de aquellas dos eminencias o por la presión del público.
A la mañana siguiente, Julia recibió la esperada llamada del comité organizador.
—Buenos días, señorita Silva. Soy Santiago Mena, secretario general del comité. Hemos recibido su solicitud y estamos procesándola internamente.
Julia dejó escapar un largo suspiro de alivio, y él continuó:
—Hemos revisado las evaluaciones y no hay ninguna irregularidad. El doctor Galán le otorgó la puntuación más alta de toda la competencia, y los demás jueces también la calificaron muy bien. Incluso si le restamos los puntos adicionales del patrocinador, su puntaje total es más que suficiente para clasificar.
Esas palabras confirmaron lo que ella ya sabía: su desempeño en la competencia había sido impecable.
—En cuanto a mi solicitud de hacer públicas las calificaciones...
—El comité lo está debatiendo —respondió Santiago—, pero en mi opinión personal, al no haber ninguna anomalía, lo más seguro es que se apruebe. Es la mejor forma de proteger la integridad del certamen.
—De acuerdo. Estaré esperando sus noticias.
Cuando escuchó el tono de finalizada la llamada, el alma le volvió al cuerpo.
Quedaba claro que la supuesta «influencia» de German no había tenido nada que ver.
Con un peso menos de encima, le comunicó las buenas noticias a Lucía.
[¡Qué valiente es, Julia! ¡Llamó directamente al comité organizador!]

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