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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 16

—No pensarás en serio que me muero por estar contigo, ¿verdad?

Él dio un paso más. —Tranquila. En cuanto termine la fiesta, lo firmaré.

El rostro de Julia no mostró ni la más mínima alteración. Su tono fue claro y cortante: —Pues espero que el Sr. Zamora sea un hombre de palabra.

German la fulminó con la mirada, frunció el ceño y salió de la casa a zancadas.

La puerta se cerró con un estruendo brutal.

Julia se quedó mirando hacia el vestíbulo, con una mueca de fastidio.

«Qué tipo tan insoportable. ¿Qué tan miserable tiene que ser su vida para manejar veinte kilómetros hasta mi casa solo para hacer sus berrinches? Está loco.»

Sin embargo, su enojo se disipó en cuestión de segundos.

Al mirar el vaso de agua a medio terminar sobre la mesa de centro, una sonrisa asomó a sus labios.

Si había aceptado el trato con German, no era solo por la firma del divorcio. Había otra razón de peso.

Era el cumpleaños número sesenta de Don Eduardo. Con el regreso del Tío Ricardo al país, la celebración iba a ser monumental. Todas las señoras de la alta sociedad de la capital, sin duda, estarían presentes.

Como siempre ocurría en esos eventos, German la llevaría de la mano durante el brindis inicial, y luego la arrojaría a su suerte en medio del nido de víboras de las millonarias.

La sonrisa de Julia se volvió calculadora.

Justo cuando necesitaba un escenario para promocionar su marca, la oportunidad le caía del cielo en bandeja de plata.

Oportuno, adecuado y perfectamente legítimo.

***

Dentro del auto, el silencio era sepulcral. La luz interior iluminaba las facciones afiladas del hombre.

German tenía ambas manos apoyadas sobre el volante. Su mirada estaba clavada en la puerta del jardín de la casa de Julia a través de las rejas, y no se apartó ni un milímetro.

Solo cuando vio que la luz del primer piso se apagaba, apartó la vista.

Estiró el brazo y tomó el sobre de papel madera que descansaba en el asiento del copiloto. Llevaba una semana ahí y ni siquiera lo había abierto.

Deshizo el cordón del sobre y sacó los dos documentos que había en el interior.

El título en letras mayúsculas le resultó repulsivo.

Jamás en su vida se le cruzó por la mente que él, German Zamora, el hombre más codiciado de Borealis, sería quien terminara siendo botado a la calle por su esposa.

Originalmente, había ido a esa casa con la intención de hablar civilizadamente. Se quedó dos horas enteras esperando afuera de su puerta a que regresara de trabajar.

¿Y para qué?

Capítulo 16 1

Capítulo 16 2

Capítulo 16 3

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