Conociendo a su padre, Sofía estaba segura de que no se había aliado con Ricardo Zamora por pura buena voluntad.
Lo más probable era que planeara usarlo para infiltrarse en la familia Zamora y, una vez que consiguiera lo que quería, lo desecharía sin piedad.
Pero... ¿qué pasaría con German?
Llevada por un impulso incontrolable, Sofía subió al segundo piso.
Avanzó con pasos tan ligeros como un gato, pegó la oreja a la puerta del estudio y trató de escuchar la conversación del interior.
—Fui a ver a ese inversionista internacional.
—¿Y qué te dijo?
—La última vez, ese mocoso de German lo ofendió bastante. Ahora, apenas escucha el nombre de los Zamora y niega rotundamente con la cabeza.
—Los hombres de negocios solo buscan beneficios. Mientras le ofrezcas un trato lo suficientemente jugoso, ¿crees que se negará a colaborar?
Las voces sonaban amortiguadas a través de la gruesa madera de la puerta, por lo que le costaba entender cada palabra con claridad.
La conversación continuó.
—El viejo Eduardo todavía tiene un as bajo la manga, ¿no es así? Si encontramos la manera de arrebatárselo, te aseguro que los hundiremos.
—Además, nosotros no somos los únicos que queremos ver caer a German.
Las voces se volvieron cada vez más bajas. Sofía sintió que una fina capa de sudor frío le cubría la frente mientras se esforzaba por escuchar, pero fue inútil.
«Mejor me voy. Si me descubren, se armará un escándalo», pensó.
Suspiró levemente y comenzó a retroceder a pasos lentos.
Al darse la vuelta, chocó de frente con una figura imponente.
Sofía se tapó la boca rápidamente para evitar gritar.
—¿Qué está haciendo la señorita por aquí?
El hombre frente a ella entrecerró los ojos, mirándola con una mezcla de sospecha e intriga.
—¿Acaso estaba espiando la conversación del señor Santana?
El pánico cruzó fugazmente los ojos de Sofía. Respiró con dificultad y habló con voz temblorosa.
—Samuel...
Tragó saliva, con los ojos moviéndose de un lado a otro con nerviosismo.
—No fue mi intención, te lo juro. Por favor, ¿podrías no decirle nada a mi papá?
El hombre se mantuvo impasible. Sofía parpadeó, permitiendo que un brillo húmedo asomara a sus ojos, fingiendo vulnerabilidad.


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