Por lo general, cuando una mujer dice eso, a un hombre le cuesta resistirse.
Pero Nanette no vio ni una gota de ternura en la cara de Noel, al contrario, se le notaba una ligera sombra de preocupación en la mirada.
—Vengo acompañado en el carro —respondió Noel.
Jovita se quedó callada unos segundos.
—Perdón.
—Te cuelgo.
—Sale, luego platicamos.
Y así, sin más, se cortó la llamada.
Nanette no daba crédito a la forma en que se trataban esos prometidos.
¿Cómo era posible que se vieran más distantes que ella y Galileo?
Pero bueno, eran asuntos ajenos y no le tocaba de andar de metiche.
Así que se hizo la que no oyó y siguió como si nada. Noel, como si nada hubiera pasado, fue directo al grano.
—Ahorita, todos los sistemas del país dependen de tecnología extranjera. Si nos cierran el grifo, se nos cae toda la cadena de producción.
»Por eso quiero desarrollar nuestro propio sistema operativo. Crear una base tecnológica independiente para que el crecimiento y la seguridad de la industria no estén a expensas de lo que digan otros.
Al escucharlo, a Nanette se le llenó el pecho de emoción.
—Si te digo que siempre he tenido esa misma idea en la cabeza, ¿me creerías?
Noel la miró, sorprendido.
Ella soltó una risita nerviosa.
—Seguro no me crees. Todo el mundo piensa que me casé con los Godoy nada más para vivir como reina y que me mantuvieran.
Lo que nadie sabía era que Nanette tenía ambiciones y mucho orgullo.
Su sueño siempre había sido levantar un sistema y procesadores hechos aquí, sin depender de nadie. Y ahora que Noel lo mencionaba, le volvió a picar el gusanito.
—Si no tienes inconveniente, me gustaría unirme a tu empresa.
Noel se sacó de onda.
—¿Ya te decidiste tan rápido? ¿No que lo ibas a pensar?
—Ya no hay nada que pensar, es un hecho. Eso sí, ahorita estoy en una situación delicada, traigo broncas personales sin resolver. Así que por ahora tendría que moverse con discreción, sin hacerlo público. Ya que arregle todo mi relajo, entro formalmente a Nube Alta.
—Me late —dijo él. Luego, recordando algo, agregó—: Entonces a partir de hoy ya eres empleada oficial de Nube Alta. Te voy a depositar tu pago puntualmente.
Nanette no tenía un pelo de tonta y captó la indirecta al vuelo.
—Ahorita sí ando medio bruja, pero tampoco me estoy muriendo de hambre. Hasta que no firme contrato oficial con Nube Alta, no te voy a aceptar ni un peso.
Noel se veía muy dudoso.
Nanette le sonrió con tranquilidad.
—No te creas el único que quiere hacer algo grande por el país. Yo también traigo esa espinita.

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