Cuando Nanette se calmó un poco, bromeó:
—Pensé que tú también te ibas a alejar corriendo.
—Aguántame tantito —pidió Noel.
Se bajó del carro, fue a la cajuela, la abrió y sacó una bolsa de papel.
Cuando regresó al asiento del conductor, se la entregó a Nanette.
—¿Qué es esto?
—Ciruelas pasas, albaricoques deshidratados y galletas saladas. Leí que ayudan con las náuseas del embarazo.
»La otra vez te vi súper mal con los ascos, así que aproveché para comprarte esto.
»Además, trae unos panecitos dulces, me acordé de que te gustan.
Nanette sintió algo en el pecho.
—¿Cómo se te ocurrió investigar de eso?
Noel le contestó con total naturalidad:
—De ahora en adelante nos vamos a ver muy seguido. Tenía que informarme. Al final del día, estás embarazada, no te puedo tratar como si nada.
A Nanette se le hizo un nudo dulce en el pecho, de esos que dan cuando alguien te cuida sin pedir nada.
—Vas a ser un papá a todo dar.
Noel se quedó paralizado.
Nanette cayó en cuenta de lo mal que se había escuchado y se apresuró a corregir.
—Digo, cuando tú y tu esposa tengan hijos, vas a ser un papá súper dedicado.
Noel apretó los labios y no le contestó.
Se hizo un silencio incomodísimo en el carro.
Nanette se aclaró la garganta, intentando cambiar de tema.
—Oye, sobre el contrato del juego, ¿cuándo lo firmamos?
—Entre hoy y mañana, cuando tú tengas chanza —dijo él.
—Pues te busco mañana en la tarde, ¿va?
—Sale. Yo te mando la ubicación. Fue un error invitarte a la oficina la otra vez; mejor nos vemos a escondidas.
—Gracias por entender.
El coche volvió a arrancar.
No se dijeron ni media palabra en todo el camino.
Después de estacionar el carro en la cochera del edificio de Nanette, Noel se fue caminando a su departamento.
Nanette hizo una mueca.
Pinche boca la suya, siempre abriéndola nomás para arruinar el momento.
Justo cuando Noel estaba llegando a la puerta de su edificio, le entró una llamada de Joaquín.
—Papá.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó