Nanette se quedó sin palabras.
Qué bárbara. A ella todavía le faltaba calle para esas cosas. Noel subió a Camila al coche con mucha caballerosidad.
En todo ese rato, Nanette no movió ni un dedo para ayudar.
En el camino, Camila se la pasó dormida.
Venancio, en cambio, no dejaba de balbucear.
Solo soltaba palabras sueltas, no se le entendía ni jota.
Hasta que...
—¡Nanette! —gritó Venancio—. ¡A que no te atreves a divorciarte! ¡Déjame intentar conquistarte otra vez! ¡Me lleva, no me creo que no pueda contigo!
Aunque Nanette no se tomaba en serio las tonterías de un borracho, sí le dieron ganas de taparle la boca.
—¡Nanette! ¡Nanette! Eres una...
Noel soltó una risita.
—¿Quieres que me orille para amordazarlo?
—Déjalo —suspiró Nanette, resignada—. Nada más está diciendo babosadas por el alcohol.
—Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.
Nanette, mucho más centrada, aclaró:
—Puro orgullo herido, no soporta perder.
Un tipo que se la pasaba huyendo de las mujeres, que en su primera propuesta de matrimonio terminó haciendo el ridículo y volviéndose el chiste de todos.
Sería un milagro que no estuviera ardido.
Primero dejaron a Venancio y luego a Camila.
En cuanto Camila cayó en su cama, empezó a desvestirse. Nanette ni siquiera alcanzó a detenerla antes de que se abriera toda la blusa.
Por primera vez, a Noel se le notó la incomodidad en todo el cuerpo. Se dio la vuelta de golpe, con ganas de salir de ahí cuanto antes.
—Espérame tantito en la sala, porfa, voy a ponerle la pijama —se apuró a decir Nanette.
—Sí —respondió él, dándole la espalda.
De inmediato, la puerta de la recámara se cerró.
Nanette le dio un golpecito en la mejilla a Camila.
—Me muero de ganas por ver tu cara mañana cuando te enteres de los panchos que hiciste.
Al darse la vuelta, la mirada de Nanette se quedó fija en algo.
Había una caja de cartón sobre el escritorio.
Adentro tenía puras cosas de oficina.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó