«¿Nube Alta?».
La mente nublada de Galileo de pronto se despejó como si le hubieran echado un balde de agua fría. ¿Acaso esa mujer estaba trabajando para Nube Alta?
¡Imposible! Todo el mundo en la industria sabía que ese tal Noel Cortés era extremadamente exigente para contratar. ¿Por qué aceptaría a una mujer que llevaba años desconectada del mundo profesional? ¡Y peor aún! Ella sabía perfectamente que Nube Alta era el mayor rival de Faro Tecnológico. ¿Qué buscaba al meterse ahí?
La avalancha de dudas hizo que Galileo no pudiera quedarse sentado ni un segundo más.
—Yolanda, espérame aquí. Voy a saludar a Charles.
Yolanda forzó una sonrisa, fingiendo comprensión y madurez.
—Claro, Gali. Ve tranquilo, aquí te espero.
En cuanto Galileo se alejó, Yolanda estrelló su tenedor contra el plato, con el rostro contorsionado por la rabia.
***
Cuando Galileo entró al salón privado, Nanette no movió ni un músculo. Era de esperarse que el muy cínico no pudiera hacerse el ciego.
Justo cuando Nanette iba a decir algo, Charles exclamó sorprendido:
—¡Señor Godoy! ¡Qué agradable coincidencia!
Por supuesto, Charles habló en francés. Galileo también le respondió en el mismo idioma, aunque con un acento mucho más rígido y forzado que el de Nanette.
Ella se reclinó en la silla sin inmutarse, observando cómo Charles se acercaba a saludar a Galileo a la manera europea. Charles lo invitó a sentarse y enseguida se enfrascaron en una charla animada.
Nanette captó la mayor parte de la conversación. No hablaban de negocios, solo era un intercambio de cortesías. Aunque no habían logrado firmar un contrato en el pasado, al parecer no guardaban rencores.
La mirada de Galileo se desvió hacia Nanette en más de una ocasión. Charles, que tenía mucho colmillo para estas cosas, no tardó en captar la tensión en el aire.
—Señor Godoy, ¿es usted amigo de la señorita Larco?
—No.
—No.
Respondieron al unísono.
Nanette giró el rostro, negándose a cruzar miradas con él. Galileo lo soltó de golpe:
—Es mi exesposa.

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