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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 361

Al salir de la casa, el semblante de Yolanda había recuperado su color habitual. Caminó directamente hacia Galileo y lo abrazó por la cintura.

—Gali, gracias por venir a buscarme.

Anatolia bromeó:

—Vaya, ¿ya te olvidaste de que tu abuela sigue aquí?

Yolanda corrió a abrazarla también.

—Gracias a ti también, abuela.

Anatolia sonrió con cariño.

—Bueno, bueno, ya no interrumpo más su tiempo a solas. Como sé que te encanta la comida del Restaurante La Terraza Real, les reservé una mesa excelente en el salón principal. Vayan juntos a disfrutar.

Yolanda hizo un puchero.

—Ven con nosotros, abuela.

—Ay, no —respondió Anatolia—. Sería un mal tercio y no quiero arruinarles el ambiente. Pero puedo pedirle al chofer que los pase dejando antes de llevarme a casa.

El auto se detuvo frente al Restaurante La Terraza Real. Galileo bajó primero y le abrió la puerta a Yolanda. Tras despedirse de Anatolia, ambos entraron al elegante lugar.

Galileo dio el nombre de la Matriarca, y un mesero los guio hacia su mesa. Aunque no era un salón privado, al menos era una zona privilegiada, mucho mejor que estar en medio de todo el alboroto.

Apenas habían dado unos pasos cuando escucharon la voz enérgica de otro mesero a sus espaldas:

—¡Señorita Larco, qué alegría verla! Por favor, pase por aquí, le guardamos el mejor salón privado.

Galileo se giró de golpe.

La mujer llevaba un abrigo de lana blanco puro que le llegaba hasta las pantorrillas, combinado con un suéter de cuello alto y unos pantalones anchos de tono oscuro que hacían lucir su figura esbelta y elegante. Era un atuendo minimalista, pero irradiaba un aura de sofisticación inigualable.

Su rostro ya no mostraba la amargura ni la tristeza de antes. La sonrisa que esbozaba revelaba unos tenues hoyuelos que resultaban embriagadores. A su lado, dos hombres franceses la miraban con una sonrisa de oreja a oreja mientras la escuchaban hablar sobre la historia del restaurante. En sus ojos solo había pura admiración.

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