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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 343

Al escuchar las palabras de Nanette, Félix estalló en furia.

—¡Nanette! ¡¿Prefieres pagarle la fianza a este imbécil que me golpeó antes que a mí?! ¡No tienes corazón!

—¡Soy tu hermano! ¡¿De verdad me vas a dejar aquí tirado?!

—¡Si te atreves a dejarme, te juro que me las pagarás!

—¡Te lo advierto, si no me sacas de aquí, vas a ver cómo te arreglo!

Nanette hizo oídos sordos a sus gritos, firmó los documentos y pagó la multa.

Harto de los aspavientos de Félix, el policía le gritó:

—¡Siéntate allá y cállate! ¡Si vuelves a levantar la voz, te meto a la celda ahora mismo!

Nanette comentó con calma: —Debería meterlo de una vez, así le ahorra problemas al resto del mundo.

El policía negó con la cabeza.

Era evidente que la relación entre esos dos estaba más que rota.

Al ver que Nanette hablaba en serio sobre irse, Félix cambió de estrategia e intentó dar lástima.

—Hermana, soy tu hermano de sangre, ¿de verdad tienes el corazón para abandonarme en este lugar?

—Por favor, no me dejes.

—Ya entendí que hice mal, te juro que voy a cambiar.

Nanette ni siquiera se dignó a mirarlo.

¿Cambiar?

¿Acaso un perro deja de morder?

¿Cuánto tiempo había pasado? Ya era la segunda vez que terminaba tras las rejas en tan poco tiempo.

Quién sabe en qué otro problema se metería la próxima vez.

Pasar unos días encerrado tal vez le sirviera de lección.

No sintió ni una pizca de compasión.

—Llama a tu madre. Y de ahora en adelante, no me busques si te metes en líos. De lo contrario, tu querida madre volverá a decir que me quiero aprovechar de ti o que ando detrás de la herencia de la familia Larco.

Félix hizo un puchero, haciéndose la víctima.

—La última vez que terminé aquí, se enojó tanto que me dio una paliza y me advirtió que si volvía a pasar, me desheredaría.

—¡No puede enterarse o estoy muerto! ¡Capaz que me mata de verdad y me echa a la calle!

Nanette respondió con parsimonia:

—Tranquilo, no te va a echar de la casa. Eres el único hijo varón que tiene. Si te mueres, ¿quién va a estar ahí para darle el último adiós?

Dicho esto, caminó hacia el otro hombre.

—Ya pagué tu multa. Vámonos.

El hombre levantó la vista, desconcertado.

Nanette sonrió levemente.

—¿No vienes? ¿Prefieres quedarte aquí?

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