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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 342

¿Hermano?

¿Félix Larco?

—Disculpe, yo no tengo ningún hermano.

El oficial titubeó. —¿Acaso Félix Larco no es su hermano?

Nanette respondió con firmeza: —Ya no tengo ningún vínculo con la familia Larco, así que él no es mi hermano. Si pasó algo, comuníquese directamente con su tutora legal.

El policía sonaba contrariado.

—Pero el joven insiste en que la llamemos a usted. Asegura que es su hermana.

Nanette frunció el ceño levemente.

—No soy su hermana.

El oficial perdió la paciencia.

—Mire, el asunto es que su hermano se metió en una pelea y ahora mismo le estamos tomando declaración. Lo mejor es que venga, no nos complique el trabajo.

Nanette llegó a la comisaría.

Desde lejos vio a Félix sentado, con la cara llena de moretones y la nariz hinchada. Por un momento, sintió que estaba viendo a un extraño.

Había pasado tanto tiempo que casi olvidaba que tenía un hermano.

Se acercó a él.

Félix levantó la vista y esbozó una sonrisa torcida.

—Sabía que no podías dejarme tirado, sabía que vendrías.

Nanette lo miró con el ceño fruncido.

—¿Se te olvidó que ya no pertenezco a tu familia? Tu madre cortó todos los lazos conmigo. ¿Para qué les dijiste que me llamaran?

Félix se tocó un golpe en la frente haciendo una mueca.

—Ese fue un acuerdo entre tú y mamá, no conmigo. Yo no te eché de la casa, así que sigues siendo mi hermana mayor.

Nanette desvió la mirada hacia el otro chico que estaba sentado no muy lejos.

Él también tenía la cara magullada. Obviamente, se habían dado una buena paliza mutua.

—¿Qué pasó? —preguntó.

Félix respondió con tono perezoso:

—Estábamos en un bar. Se puso a hablar con ínfulas de grandeza, no me gustó su tono y le partí la cara.

—¿Tú empezaste? —inquirió Nanette.

Félix se encogió de hombros, restándole importancia.

—Claro, ya lo había aguantado bastante, hasta siento que me tardé en golpearlo.

Nanette le soltó una patada en la pierna.

Félix soltó un grito de dolor.

—¡Ay! ¡Me duele, también me lastimó ahí!

Sin mostrar una pizca de lástima, Nanette se dio la vuelta y caminó hacia el otro hombre.

Él parecía tener más o menos la misma edad que Félix. La sangre que le escurría de la comisura de los labios ya se había secado y ni siquiera se había molestado en limpiársela.

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