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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 308

El rostro de Galileo estaba más sombrío que nunca.

La había llamado infinidad de veces sin obtener respuesta, y al final, descubrió que ella lo había bloqueado.

¡Bien jugado, Nanette!

¡Resultaba que con el divorcio había cortado todos los lazos sin importarle nada!

Furioso, Galileo estrelló su teléfono contra el suelo.

Yolanda, que acababa de llegar de compras con Anatolia e Ivón, se llevó un gran susto al ver el desastre en el suelo.

—Gali, ¿qué pasó?

Él respondió con desgano:

—Nada, se me cayó el celular por accidente y se rompió.

—Ah —dijo Yolanda.

Anatolia miró los restos en el suelo y, por supuesto, no se creyó el cuento del accidente.

—¿Se divorciaron?

—Sí.

—Por fin. Ahora podremos tener paz.

Ivón celebró emocionada:

—Hoy es un día maravilloso. Madre, ¿no deberíamos celebrar a lo grande?

Anatolia lo pensó un momento.

—Es una excelente idea. Muy bien, celebraremos esta noche. Ve a decirle a Luisa que salga a hacer las compras, y asegúrate de decirle que escoja lo mejor y más caro.

—¡Claro que sí, voy a decirle a Luisa enseguida!

Ivón se alejó contoneando las caderas.

Era evidente que ella era la más feliz de todas.

Para Ivón, no había mejor noticia en el mundo que saber que esa mujer de mala suerte que tanto detestaba se había ido para siempre.

Anatolia miró a Galileo de reojo.

—Galileo, ¿por qué tienes tan mala cara? ¿No deberías estar feliz?

¿Un día maravilloso?

¡Maravilloso, claro!

Galileo sentía un profundo rechazo hacia esa palabra.

Pero no podía mostrarlo frente a Anatolia, así que se tragó su amargura y respondió con paciencia:

—Son solo algunos problemas en la empresa que me tienen frustrado.

—Ya eres padre, deberías controlarte. No estalles en ira por cualquier cosa. ¡Qué mal ejemplo le das a Yolanda y a tu hijo!

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