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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 309

En cierta medida, Anatolia sospechaba que Galileo solo estaba poniendo excusas.

Al principio pensó en reprenderlo un poco.

Pero luego cambió de opinión.

Como ya se había divorciado, tampoco quería presionarlo demasiado. Si lo hacía, temía que la relación entre abuela y nieto se volviera cada vez más tensa.

—Entonces ve a atender tus asuntos. Esta noche celebraré a lo grande con tu madre y Yolanda. Cuando salgas, no olvides llevar el regalo para el Director Quintín.

Apenas salió por la puerta, recibió una llamada de Silvio.

Galileo estaba desesperado por saber los resultados.

—¿Y bien?

—Sigo sin encontrar nada —respondió Silvio—, no hay forma de comprobar que la exseñora Godoy, digo, la señorita Larco, sea «Storm».

Galileo sintió que se volvía loco.

¡Esa maldita mujer! ¡Le había soltado esa frase así nada más y luego había desaparecido sin dejar rastro!

¿Estaba diciendo tonterías o era verdad?

Si fuera mentira, ¿cómo sabría ella, una mujer que casi nunca salía de casa, acerca de la existencia de «Storm»?

Una multitud de interrogantes daban vueltas en la cabeza de Galileo, atormentándolo y llenándolo de frustración.

Ahogar sus penas en alcohol era la única forma que tenía de aliviarse.

Irene Mera, sentada junto a Galileo, lo observaba beber copa tras copa, e intentó detenerlo con suavidad.

—Ya tomaste demasiado.

Galileo tenía una expresión sombría.

—¿Tú también vas a controlarme?

—No te estoy controlando, solo me preocupo por ti. A fin de cuentas, el alcohol en exceso hace daño.

Los dedos de Galileo, que sostenían la copa, se tensaron levemente.

—Me divorcié.

—Mhmm.

—Se siente muy irreal.

—¿Irreal?

Galileo dejó la copa, apoyó las piernas sobre la mesa de centro y se hundió por completo en el sofá.

Las emociones en su rostro cambiaban constantemente, y el ceño fruncido no se había relajado ni por un instante.

—Siento como si no me hubiera divorciado, como si ella siguiera siendo mi esposa.

—Pero el hecho es que ya están divorciados.

Una leve tristeza pasó por los ojos de Galileo.

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