—¿Qué pasa? ¿No puedo venir? —respondió Quintín.
—No, me refiero a que usted siempre está tan ocupado, ¿cómo es que tuvo tiempo de visitar nuestra empresa?
Quintín se echó a reír.
—Noel, desde que llegaste a San Lirio, te has vuelto muy adulador.
Luego se explicó.
—Pasaba por aquí y tenía algo de tiempo libre, así que subí a ver cómo estaban las cosas.
»Y de paso, vine a recordarte algo.
—Dígame, señor Quintín.
Quintín le dio una palmada en el hombro.
—Muchacho, ¿acaso olvidaste algo?
Noel reaccionó al instante.
—He estado muy ocupado últimamente.
La mirada de Quintín se posó en Nanette.
—Sí, muy ocupado, ya veo.
Nanette notó la burla en su tono y sintió un poco de vergüenza.
—La tía ha estado pensando en ti. Me ha preguntado varias veces cuándo irás a cenar a la casa.
»La vez pasada que me pediste ayuda con el asunto de la señorita Larco, acordamos que irías a cenar. Pero resulta que una vez resuelto el problema, desapareciste.
»Parece que mi puesto como tu tío no vale tanto como...
—¡Señor Quintín!
Sabiendo lo que estaba a punto de decir, Noel se apresuró a interrumpirlo.
—Hoy mismo.
Quintín sonrió con malicia.
—¿Hoy mismo qué?
Noel se aclaró la garganta levemente.
—Iré hoy mismo a cenar.
Quintín fingió estar molesto.
—Haces que parezca que te estoy obligando. Bueno, bueno, ya no interrumpo al atareado señor Cortés.
Nanette notó que la actitud de Noel hacia Quintín era de absoluto respeto.
La forma en que se trataban parecía más la de un padre y un hijo.
Frente a Quintín, Noel parecía un estudiante ejemplar.
Su sonrisa era genuina.
—Llamaré a la tía ahora mismo para decirle que iré a cenar esta noche.
Quintín asintió, bastante satisfecho.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó