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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 292

En la cama, la mujer no dejaba de tener pesadillas y pateaba las cobijas a cada rato.

Movía las manos en el aire, como si intentara alejar desesperadamente a algo o a alguien.

El hombre que había estado velando a su lado no tenía más remedio que levantarse constantemente para volver a taparla.

En una de esas, ella se aferró de golpe a su camisa, murmurando en sueños:

—Mamá, ¿a dónde vas?

Noel frunció el ceño, sintiendo un nudo en la garganta al verla así.

Con delicadeza, le bajó la mano y la envolvió entre las suyas; luego, se quitó los zapatos y se recostó a un lado de la cama, dándole palmaditas suaves por encima de la cobija.

La mujer, que había estado tan inquieta, al fin se fue calmando.

«Duerme. Descansa de una vez por todas.»

***

Nanette despertó de madrugada.

Al ver aquella habitación tan cómoda y de cuento, recordó a sus familiares recién fallecidos. Sintió tanta opresión en el pecho que hasta respirar le dolía.

De pronto, notó que alguien le sostenía la mano. Estaba calientita.

Era él.

Noel se había quedado dormido a medias, recargado contra la cabecera.

Seguro que estaba cansadísimo.

Quién sabe cuánto tiempo llevaba en esa misma postura.

Qué incómodo debía estar...

Él ni siquiera tenía vela en ese entierro, pero siempre terminaba involucrado.

«Ay, Nanette... ¿Será que Ivón tiene razón y de verdad estoy salada? Todo el que se acerca a mí termina pasándola mal.»

Nanette levantó su mano libre con la intención de acariciarle el entrecejo para relajar su expresión.

Pero se arrepintió en el último segundo.

Después, zafó poco a poco la mano que él le sujetaba.

Sus movimientos fueron muy cuidadosos, pero aun así lo despertó.

Noel abrió los ojos. Como había estado en la misma posición mucho tiempo, le dolía toda la espalda.

Hizo una mueca de molestia al estirarse y habló con una voz grave, un tanto ronca:

—¿Por qué te despertaste? ¿Otra pesadilla?

Nanette intentó hablar, pero sintió la garganta cerradísima.

Noel abrió el termo que había dejado preparado cerca.

—Es agua con miel. No está muy dulce, te va a ayudar con la garganta.

Nanette se sentó y le dio un par de tragos. Enseguida sintió un alivio.

Tenía el toque perfecto de dulzor.

—Gracias.

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