Entrar Via

No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 289

Camila también estaba muerta de miedo.

—Dios mío, que no sea por Candela... Venancio, agárrame fuerte, siento que me voy a desmayar.

Venancio le pasó el brazo por los hombros, en un raro gesto de dulzura.

—No digas tonterías, seguro es para otro paciente. Vamos a preguntar primero.

Fuera de la sala de Urgencias, había tres policías esperando.

Nanette tomó una gran bocanada de aire y se acercó a paso rápido.

—Buenas noches... soy familiar de la señora Candela.

Uno de los oficiales revisó su libreta de apuntes.

—Su madre está adentro, los médicos la están intentando reanimar. Para saber su estado exacto, habrá que esperar a que salga el doctor. Pero, señorita... le sugiero que se vaya preparando para lo peor.

A Nanette le atravesó el pecho un dolor seco.

—¿A qué se refiere con eso?

—Cuando la ambulancia trajo a la señora, sus signos vitales ya eran casi inexistentes.

Nanette apretó los puños hasta clavarse las uñas y cerró los ojos.

—¿Cómo fue el accidente?

—La señora intentó cruzar la avenida y la arrolló un coche. El conductor venía borracho; ahorita está declarando en el Ministerio Público.

Otro de los oficiales añadió:

—Por el peritaje preliminar, el vehículo venía a exceso de velocidad, muy por encima del límite permitido. El impacto que recibió la víctima fue brutal.

Noel intervino.

—¿Tienen videos del momento? Queremos revisar las cámaras de seguridad de la zona.

El policía negó con la cabeza, con expresión de lamento.

—Por desgracia, ese tramo está en obra y las cámaras de seguridad de la zona todavía no funcionan.

Noel se quedó pensativo un segundo, pero no hizo más preguntas.

La tortura de esperar en un pasillo de hospital se repetía por segunda vez.

Nanette ya ni siquiera podía describir lo que sentía.

Habría preferido ser ella la que estuviera ahí, con tal de no cargar este dolor que la estaba dejando vacía.

Camila no paraba de rezar en silencio.

Le pedía a Dios, al universo, a quien fuera, que Candela sobreviviera.

Porque sabía perfectamente que Nanette no soportaría perder a alguien más.

La mujer que estaba peleando por su vida detrás de esas puertas era la única familia verdadera que le quedaba.

La luz roja de la sala de reanimación se apagó.

Varios médicos salieron por las puertas dobles.

La expresión en sus rostros fue suficiente para que a Nanette se le congelaran las palabras en la garganta. Fue incapaz de dar un solo paso.

Noel se adelantó hacia ellos.

—Doctor, ¿cuál es el estado de la paciente?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó