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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 288

Nanette sintió que se le cerró la garganta y que el alma se le iba del cuerpo. Todo el grupo corrió a los autos para regresar a toda prisa.

Al llegar, encontraron a Melba en la planta baja, dando vueltas de pura angustia.

En cuanto vio las luces del coche, corrió hacia ellos hecha un mar de lágrimas y con la voz ronca de tanto llorar.

En ningún momento pasó por la cabeza de Nanette culpar a Melba.

Melba sabía perfectamente el lugar tan importante que ocupaba su madre en su corazón; de hecho, la cuidaba con más esmero del que se dedicaba a sí misma.

Era obvio que no había sido intencional.

Aunque Nanette estaba consumida por la desesperación, ver a Melba en ese estado le partió el corazón, así que se acercó a consolarla.

—Melba, por favor, trata de calmarte. Respira hondo y cuéntanos exactamente qué pasó.

Melba la miró con los ojos enrojecidos.

—Cuando ustedes se fueron, la señora estuvo caminando de un lado a otro por toda la casa. Yo pensé que, como era un lugar nuevo, a lo mejor le estaba costando adaptarse, así que me quedé pegadita a ella todo el tiempo.

»Después de un rato, se cansó, comió un poquito y se fue a su cuarto.

»Yo misma la acompañé y me quedé viéndola hasta que se acostó a dormir. Ya que la vi tranquila, me fui a la cocina para recoger y lavar los trastes.

»Pero cuando terminé y volví a asomarme a su cuarto... ¡ya no estaba!

—¡Señorita! —sollozó Melba, abrumada por la culpa—. ¡Fue un descuido mío, soy una tonta! ¡Perdóneme, por favor!

Nanette le apretó las manos con calidez.

—Melba, tú no hiciste nada malo, no tienes por qué pedir perdón. Además, estoy segura de que mi mamá no pudo ir muy lejos.

Camila también se acercó para tranquilizarla.

—Sí, Melba, no te angusties. Ahorita mismo nos dividimos a buscarla, seguro la encontramos rápido.

Noel, siempre el más calculador en las crisis, tomó el control de la situación.

—Venancio, ve con Camila a la administración del edificio. Pidan que les enseñen las cámaras de seguridad para ver qué rumbo tomó Candela.

»Melba, tú súbete al departamento y quédate ahí por si ella regresa. Si aparece, nos marcas de inmediato.

»Nanette y yo vamos a buscar en las calles de aquí cerca. Todos con el celular a la mano, nos mantenemos comunicados.

Media hora después, no había rastros de ella.

A Nanette se le hizo un nudo en el pecho y el miedo le empezó a ganar.

—Noel... ¿crees que a mi mamá le haya pasado...?

Noel le puso una mano firme en el hombro.

—Ni lo pienses... no digas eso.

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