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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 269

—Qué bueno —contestó Noel.

Ambos dieron vuelta hacia un pequeño jardín.

Era una de las áreas verdes más bonitas de Altavista Premier, con un diseño muy cuidado y paisajes muy agradables, por lo que siempre había gente platicando o paseando por ahí.

Pero como esa noche hacía frío, el lugar estaba desierto.

Nanette señaló una banca.

—¿Nos sentamos un rato?

Noel asintió. —Claro.

Para su sorpresa, apenas se acomodaron, empezaron a escuchar ruidos extraños a sus espaldas.

Como alguien que ya tenía experiencia en la vida, Nanette no tardó ni dos segundos en darse cuenta de qué se trataba.

Sintió que las orejas le ardían de vergüenza.

Por puro instinto, volteó a ver a Noel.

Y resulta que él también la estaba mirando.

Al cruzar las miradas, la situación se volvió cien veces más incómoda.

La expresión de Noel se notaba sumamente forzada.

—Vaya... sí que andan románticos...

Nanette no pudo evitar soltar una risita nerviosa.

—Mejor vámonos a otro lado, ¿no?

Noel tosió para aclarar su garganta.

—Me parece bien.

No habían dado ni dos pasos cuando una sombra saltó de entre la oscuridad.

Antes de que pudieran reaccionar, alguien le arrojó un líquido pegajoso en toda la cara a Nanette.

Olía a refresco de cola.

La responsable no era otra que Dina.

Sin darles tiempo a decir una sola palabra, la chica le apuntó a Nanette con el dedo y empezó a insultarla:

—¡Maldita zorra descarada! ¡Lo único que sabes hacer es andar de resbalosa! ¿No te bastó con Venancio? ¡Ahora vienes a enredarte con Noel!

—¡Como ya vas a soltar a Galileo, andas urgida buscándote un reemplazo! ¡No tienes madre! ¿Por qué no te ves en un espejo? ¡Eres una divorciada que nadie quiere! ¿Quién diablos se va a fijar en ti en serio?

Nanette pensó que iba a estallar de coraje.

Pero para su sorpresa, se sintió de lo más tranquila.

Tal vez porque lidiar con alguien tan corriente como Dina ni siquiera valía la pena; ponerse a su nivel solo la haría verse igual de vulgar.

Nanette se limitó a esbozar una sonrisa irónica.

—Mejor vete tú en el espejo. Con esa actitud de verdulera que te cargas, dudo que alguien te soporte.

—¡Hija de...!

Dina levantó la mano para cachetearla.

Pero su rostro se contrajo de dolor.

Noel le había atrapado la muñeca con fuerza.

—¡Me lastimas!

Noel la soltó bruscamente.

Si no lo hacía, le habría fracturado el hueso.

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