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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 270

Al volver a pisar las oficinas de Grupo Larco, Nanette sintió una opresión en el pecho difícil de explicar.

En aquel despacho tan amplio ya no estaba la figura de su padre.

En su lugar, Galileo ocupaba la silla que alguna vez le perteneció a Guillermo.

Galileo se veía demacrado, con el rostro marcado por el cansancio.

Por una fracción de segundo, Nanette sintió lástima por él.

Pertenecer a la familia Godoy, rodeado de mujeres mandonas e ignorantes que lo exprimían y le lavaban el cerebro, obligándolo a actuar en contra de su voluntad todos los días sin saber lo que era la verdadera felicidad... vaya que era una vida miserable.

Venancio vestía un traje impecable.

Verlo tan formal le recordó a Nanette la época de la universidad, cuando recién empezaban su propio negocio.

Siempre que tenían reuniones con clientes, Venancio se transformaba en otra persona: maduro, estricto y sin rastro alguno de su habitual actitud relajada.

Al verlos llegar juntos, la sangre le hirvió de celos a Galileo.

Sin embargo, tenía muy claro que debía firmar el divorcio de una vez por todas. No podía seguir dándole largas al asunto.

De lo contrario, Anatolia le haría la vida imposible.

Además, no podía arriesgarse a manchar su reputación y afectar las ganancias del corporativo.

Si daba un paso en falso, su mayor competencia, Nube Alta, aprovecharía para hacer leña del árbol caído.

Galileo aventó los documentos de transferencia sobre el escritorio y soltó un comentario bastante venenoso:

—Supongo que mataste dos pájaros de un tiro. ¿Ya estás feliz? ¿Conseguiste lo que querías?

Nanette mantuvo una expresión serena, sin sonreír ni molestarse.

Sabía que Galileo estaba de un humor de perros, así que no tenía ganas de hacer corajes.

Su único objetivo de ese día era firmar los malditos papeles e irse.

Por lo tanto, contestó con toda la calma del mundo:

—Te agradezco que al fin facilites las cosas.

Apenas Nanette fue a tomar la pluma, Galileo se puso de pie de golpe y le arrebató las hojas.

—Nada más espero que, después de esto, cierres la boca y dejes de amenazar con sacarme mis mugreros.

Nanette se limitó a sonreír con desdén.

—Ya te lo había dicho, ni siquiera me interesaba rebajarme a chantajearte, pero no me dejaste opción. Ahora que esto se solucionó, me doy por bien servida.

—Así que puedes estar tranquilo. De ahora en adelante, todo lo que pase en la familia Godoy me tiene sin cuidado. Me voy a enfocar únicamente en mi propia vida.

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