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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 268

Nanette soltó una risita.

—Bueno, si me lo pones así, ya puedo escuchar el chisme a gusto.

La voz del hombre sonó clara, profunda y con un toque bastante seductor.

—Mi familia es de Puerto Alba; allá somos de los apellidos pesados. El imperio lo levantó mi bisabuelo, y allá todos saben que soy el tercero en la línea.

—Desde el momento en que nací, mi destino era cargar con el peso de toda la familia, heredar los negocios de mi abuelo y mi padre, y asegurar que nuestro apellido siguiera en la cima.

—Por eso, desde niño me la pasé de clase en clase, con una educación pesadísima y reglas súper estrictas. Jamás supe lo que era disfrutar mi infancia.

Nanette suspiró al escucharlo, sintiendo una profunda empatía. Su propia niñez tampoco había sido un cuento de hadas.

—Los negocios de la familia abarcan muchísimas áreas, y las peleas internas son el pan de cada día. La verdad, a lo largo de los años han pasado tantas cosas...

—Tantas, que...

El suspiro de Noel sonó pesado en el ambiente.

—Tantas, que ya ni siquiera sé qué significa el amor de familia.

Sus tíos, sus primos... un montón de parientes destrozándose entre sí para ver quién se quedaba con la tajada más grande del pastel.

Nanette intentó consolarlo con dulzura.

—Entre más grande la familia, más broncas hay, es inevitable. Y en cuanto al afecto familiar...

—No sé ni qué decirte para animarte, porque siendo honesta, yo tampoco he recibido mucho de eso en mi vida.

Ambos cruzaron miradas.

Y esbozaron una sonrisa amarga.

—Al menos yo les salí bastante competente —continuó Noel—. Mi abuelo y mi papá estaban muy orgullosos de mi desempeño, por eso me dieron permiso de venir a la capital y convertir mi pasión en mi propio negocio.

Al escuchar eso, Nanette no pudo evitar preguntar:

—¿Entonces en algún momento vas a tener que regresar a Puerto Alba?

Noel apretó los labios y la miró fijamente unos segundos.

—Tal vez.

Nanette no supo por qué, pero sintió una punzada extraña en el pecho.

Quizá pensó que no debió hacer esa pregunta, así que improvisó:

—¿Es bonito Puerto Alba? Nunca he ido.

Noel le dedicó una leve sonrisa.

—Sí, la verdad es hermoso.

—Ya veo...

—Un día te llevaré a conocerlo.

De pronto, a Nanette se le vino a la mente su prometida.

—Cuando tú y tu prometida se casen allá, claro que me voy a dar una vuelta. Aprovecharé para turistear.

La expresión de Noel se tensó por un instante.

Al notar el cambio en su rostro, Nanette se apresuró a cambiar de tema.

—¡Ah, por cierto! ¿Tu abuelo sigue allá en Puerto Alba? ¿Cómo está de salud?

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