—Pero la perdí, Remigio. Seguro me odias con toda tu alma...
Nanette se quedó helada.
Noel también pareció desconcertado.
Al reaccionar, ambos comprendieron al instante quién era ese tal «Remigio Vidal».
A Nanette se le hizo un nudo en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Resultaba que su padre biológico se llamaba Remigio.
Remigio...
Melba se secó las lágrimas.
—Señora, él no es quien usted cree. Es Noel Cortés, un buen amigo de la señorita.
Candela se le quedó viendo a Noel, perdida.
Él le tomó la mano. —Señora, soy Noel.
El inusual brillo en los ojos de Candela se fue apagando poco a poco.
Empezó a balbucear un montón de cosas ininteligibles.
Melba la tomó del brazo y la llevó de vuelta a su recámara.
Nanette se quedó absorta durante un buen rato.
Noel no dijo nada y empezó a recoger los platos en silencio.
Para cuando Nanette reaccionó, Noel ya estaba en la cocina lavando los trastes.
Se acercó de prisa.
—Déjame eso a mí, ¿cómo te voy a poner a lavar los platos?
Noel le sonrió.
—Yo me encargo, ya me mojé las manos.
Nanette dio un paso atrás y se recargó en el marco de la puerta.
—Noel.
—¿Mande?
—Resulta que mi apellido real debería ser Vidal.
—Sí.
—¿A qué crees que se dedicaba mi verdadero padre?
Noel lo pensó un momento.
—Seguro no era cualquier persona.
—¿Y tú cómo sabes?
—Un hombre que tuvo una hija con memoria fotográfica y tantas habilidades no podría ser un hombre común y corriente.
Nanette soltó una carcajada.
—No sabía que fueras tan bueno para los halagos.
—Solo digo la verdad.

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