Noel respiró profundo un par de veces, tratando de reprimir sus propios impulsos, y le habló con voz ronca.
—Nanette, soy yo, despierta.
La mujer en sus brazos se quedó quieta por unos segundos.
Cuando por fin creyó que se había calmado, Nanette lo sorprendió con un beso que no pedía permiso.
Nanette se aferró a su cuello como si su vida dependiera de ello y lo besó con desesperación.
No había delicadeza en el beso, solo una necesidad bruta de liberar el calor de su cuerpo.
Noel intentó apartarla con cuidado, temiendo lastimarla, pero en ese breve titubeo, ella le mordió el labio inferior con fuerza.
Le ardió un sabor a sangre en la lengua. Noel soltó un quejido de dolor, pero no la soltó.
Sin embargo, cuando sintió que la lengua de Nanette se colaba en su boca, se quedó totalmente paralizado.
Atormentada por los efectos del afrodisíaco, ella finalmente encontró un poco de alivio y no estaba dispuesta a dejarlo ir por nada del mundo.
A Noel ya le estaba empezando a sudar la frente.
—Nanette... soy yo...
Nanette le tomó el rostro entre las manos, mirándolo con ojos empañados.
—Dámelo...
Noel tragó saliva con dificultad.
—Mírame bien, soy yo, soy Noel.
Una de las manos de Nanette bajó hasta acariciarle el lóbulo de la oreja.
—Lo necesito...
—Te lo ruego...
—Siento que me muero...
—Dámelo, por favor...
Su cuerpo cálido y suave era una tentación casi insoportable.
Noel sentía la garganta completamente seca.
Su reacción física era la de cualquier hombre normal en esa situación.
Cuando las manos de Nanette se deslizaron por debajo de su camisa y acariciaron su pecho firme, Noel perdió lo poco que le quedaba de autocontrol.
Le sujetó la nuca y le devolvió el beso con una intensidad arrolladora.
***
Cuando Nanette despertó, ya se encontraba en una habitación de hospital.
Tenía la cabeza dando vueltas y le dolía todo el cuerpo.
Al distinguir la silueta del hombre sentado junto a la cama, lo llamó con voz rasposa.
—Noel.
Noel se acercó y le tocó la frente.
—¿Ya te sientes mejor?
Nanette forzó su memoria, pero no lograba recordar nada de lo que había pasado.

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