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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 241

—Jefe, la neta… sigues clavado con Nanette, ¿a poco no?

Isaac se quedó esperando un buen rato, pero no obtuvo respuesta.

El hombre tenía los ojos cerrados; se veía impenetrable, como si nada de eso le moviera un pelo.

Al darse cuenta de que la estaba regando, Isaac prefirió cambiar de tema.

—Oye, en un par de días es el bautizo de Mateo. ¿Se los mandamos ese día o lo guardamos para después?

Noel habló con calma.

—No, vamos a guardar ese regalito para después. El día del bautizo, la familia Godoy va a recibir otra sorpresita muy especial.

Aunque los Godoy no hicieron un fiestón, sí cayó toda la familia. También invitaron a los amigos más picudos de Anatolia del mundo de los negocios, quienes llegaron con regalos carísimos.

La mansión en Cumbres de la Reina nunca había estado tan atiborrada de gente.

Se veía una montaña de regalos ostentosos por todos lados. Anatolia no cabía de la emoción y traía una sonrisa de oreja a oreja.

Galileo salió del cuarto cargando al bebé, mientras que Yolanda lo seguía pegadita a él, luciendo un vestido rojo ajustado.

Cualquiera que los viera juraría que eran una familia feliz.

Como la mayoría de los invitados eran familia, aunque a todos se les hacía rara la situación, nadie abría la boca por prudencia.

Luis no escatimó en gastos y le regaló a su nieto una casa de más de cincuenta millones de pesos.

Todo para dejar a Yolanda por las nubes frente a los demás.

Yolanda miró a Galileo con ojos de borrego a medio morir.

—Ay, Gali. Aunque mi papá tuvo una pérdida financiera bien fuerte hace poco, no le importó desembolsar tanto dinero para el regalo. Ya ves cuánto quiere a su nieto y cuánto te valora a ti.

Galileo salió de sus pensamientos.

A pesar de que se suponía que era un día para celebrar, simplemente no lograba sentirse contento.

Luis le hizo una seña a Galileo con la mano para que se acercara.

Galileo se acercó sintiéndose más a fuerza que de ganas.

Anatolia fue la primera en hablar.

—A ver, Galileo. Estuvimos platicando sobre tu situación con Yolanda y ya les dije lo que opino. Luis está totalmente de acuerdo conmigo, así que te toca decirnos qué piensas hacer.

Galileo estaba hasta la madre de que siempre lo acorralaran para tomar decisiones.

—Abuela, hoy es la fiesta de Mateo. Lo mío con Yolanda lo podemos platicar cuando termine todo esto.

—Ni madres, para qué dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Ya que estamos aquí todos reunidos, mejor lo arreglamos de una vez. Como ya firmaste los papeles de divorcio con aquella mujer, mañana a primera hora te me vas al Registro Civil para tramitar el acta. Mientras más rápido salga el divorcio, más pronto le darás su lugar a Yolanda y Luis estará más tranquilo.

Galileo sentía que tenía la soga al cuello y empezó a sacar excusas como loco.

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