—Melba, en unos días nos vamos a mudar.
—¿Mudarnos? ¿Por qué habríamos de mudarnos así de la nada?
—Para llevarlas a ti y a mi mamá a vivir a una casa más grande.
—¿Casa más grande? ¿Qué casa grande?
—En Maravilla Encantada.
Maravilla Encantada era un departamento de lujo que Guillermo le había comprado a nombre de Nanette antes de morir.
Un penthouse de más de doscientos metros cuadrados, con acabados de primera y cuatro recámaras, espacio más que suficiente para que vivieran las tres.
Guillermo lo había comprado en secreto a espaldas de Eloísa, usando a un prestanombres, y como estaba en las afueras al sur de la ciudad, Eloísa no tenía ni idea de su existencia.
—Pero señorita, ¿no iba a entrar a trabajar a la empresa de Noel? Si nos mudamos a las afueras del sur, le va a quedar lejísimos el trayecto de ida y vuelta. Nada que ver con lo práctico que es aquí.
Nanette miró a Candela y sonrió con calidez.
—Solo es un poco más de camino, manejando no hay tanto problema.
—Además, Noel ya compró un terreno por esa zona para ampliar su centro de investigación en el futuro, así que después me va a quedar súper cómodo.
Melba lo pensó un momento.
—Pues sí. Así, al mudarnos, nos evitamos que ese Galileo venga a fastidiar cada dos por tres.
Nanette soltó una carcajada.
La actitud de Melba hacia Galileo había dado un giro de ciento ochenta grados.
Hasta ese momento, ambas se dieron cuenta de que habían ignorado por completo a su invitado.
Noel había estado ahí parado a un lado sin decir ni pío.
Nanette no pudo evitar reírse.
—¿Por qué no dices nada? Hasta se me había olvidado que seguías aquí.
Noel esbozó una ligera sonrisa.
—Ya es tarde, descansen. Yo ya me voy.
Nanette lo acompañó hasta la puerta.
—Noel.
Él se detuvo.
—¿Qué pasó?
Nanette hizo una pausa.
—Estos días de verdad que te he dado muchos problemas, te hice pasar por un mal rato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó