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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 231

Esta noticia había explotado hace apenas cinco minutos.

Fidel todavía no se enteraba.

Sostenía un ramo de flores, parado frente a Candela.

Pensándolo bien, parecía que era la primera vez que él mismo le llevaba flores a Candela.

Sabía que, con toda probabilidad, ese ramo terminaría en el bote de basura, pero ya había tomado la decisión de demostrarle su sinceridad a Candela. Claro, no iba a rendirse solo porque ella lo mirara con indiferencia.

Candela miró la noticia en su celular, luego alzó la vista para ver al hombre que tenía enfrente.

Dio un paso hacia él y, antes de que Fidel pudiera decir algo, tomó el ramo de sus manos.

—Gracias, están muy lindas.

La reacción de Candela tomó a Fidel completamente por sorpresa.

Por un momento, se quedó sin palabras.

Hasta que Candela levantó el vaso de vidrio y le lanzó el contenido en la cara.

Su peinado, tan cuidadosamente arreglado, y el traje perfectamente planchado, se arruinaron en un instante.

Incluso alguien con muchísima paciencia difícilmente se habría quedado tranquilo en esa situación.

Mucho menos Fidel.

Las gotas de agua recorrían su cabello y caían por su cara, que ahora lucía una expresión tan oscura que nadie se le hubiera querido acercar.

Apretando la mandíbula, Fidel forzó las palabras a salir de su boca.

—¡Candela!

Apenas iba a explotar cuando la empleada subió apresurada desde el primer piso, con el celular de Fidel en la mano.

—Señor Fidel, la señorita Mireia lo busca.

La empleada, al ver el desastre en la habitación, ni se atrevió a levantar la mirada. Le entregó el celular y bajó enseguida.

Fidel tomó el celular.

Con el ceño fruncido, miró a Candela, quien jugaba con las flores, y habló por teléfono.

—¿Qué pasa?

Mireia, al otro lado de la línea, le resumió lo que acababa de aparecer en los titulares.

—Señor Fidel, esta vez la noticia salió en redes. La transmisión en vivo de ayer le puso más leña al fuego, y ahora ya no podemos frenarlo.

Fidel abrió el link que Mireia le había enviado. Al ver los encabezados, su expresión se puso más seria aún.

—Avísale al equipo de relaciones públicas que actúen ya. Quiero que reduzcan el impacto lo más posible. En treinta minutos, todos a reunión en la empresa.

Colgó y volvió a mirar a Candela.

Ahora entendía por qué ella le había lanzado el vaso de agua.

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