Horacio sentía cierta molestia hacia su esposa.
Pensaba que esa mujer solo sabía disfrutar de la vida en casa, sin tener la menor idea de lo difícil que era para él dedicarse a los negocios allá afuera.
Ahora, con Fidel sentado justo en frente, en vez de apoyarlo o decirle una palabra a favor, ella simplemente se quejaba de que él hablaba demasiado.
¡Y encima, esa actitud que le mostró a Fidel!
Ni siquiera se ponía a pensar que, si no fuera por todos esos años en los que él se partió el lomo trabajando para mantener a la familia, ella no tendría esa vida tan cómoda que disfrutaba ahora.
Con esos pensamientos dándole vueltas, y la urgencia de aclarar el asunto de la colaboración con Fidel, Horacio abrió la boca. Su tono, inevitablemente, salió cortante.
—Fidel es mi yerno; lo que estamos platicando también es cosa de familia. Tú no entiendes de esto, así que mejor no preguntes tanto.
La mano de Liliana, justo cuando iba a servirse otra porción, se detuvo en el aire.
En todos esos años, era la primera vez que Horacio le decía que no entendía nada.
De inmediato, el comedor se sumió en un silencio incómodo.
Candela, por su parte, estaba igual de disgustada con la actitud de su padre, pero no intervino para defender a su madre.
En el fondo, ella quería que su mamá abriera los ojos poco a poco, que se diera cuenta por sí misma de quién era en realidad su padre. Eso sería mucho más convincente que si ella misma se lo dijera algún día.
Liliana no volvió a hablar.
No iba a pelearse con su marido delante de los hijos, y menos aún frente a extraños.
Horacio, después de soltar esas palabras, se dio cuenta de que se había pasado de la raya.
Trató de suavizar la situación y le sirvió un poco de comida a su esposa.
—Fui yo el que estuvo mal, no debí hablarte así. No te enojes, ¿sí?
Pero Liliana ni siquiera levantó la mirada para verlo.
Y esa porción de comida que Horacio le sirvió, ella no la tocó en toda la comida.
Fidel notó que era el momento adecuado. Tomó la servilleta y se limpió los labios con calma.
—Sobre el proyecto de AeroNova Tech...
Apenas empezó a hablar, Horacio lo miró de inmediato, y Candela, sin querer, apretó el tenedor con fuerza.
—El señor Quintero sí tiene interés en colaborar con Grupo Arroyo, pero los planes de desarrollo de Grupo Arroyo para los próximos cinco años no incluyen este tipo de proyectos. Por eso, le recomendaría al señor Quintero que mejor busque alianzas con empresas locales.
Al escuchar esto, Horacio sintió cierto alivio.

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