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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 173

En el cuarto, las figuras de cerámica que solía moldear por simple diversión seguían ahí, igual que las herramientas que había usado antes; todo se mantenía en perfecto estado, como si el tiempo se hubiera detenido.

Candela cruzó la puerta con pasos silenciosos.

Sobre el estante junto a la ventana había toda clase de cajas, algunas pequeñas, otras más grandes. Dentro, se apilaban sus creaciones.

Con delicadeza, Candela fue sacando una por una. Había vasos para bebidas, imitaciones de piezas antiguas, todo hecho por sus manos: desde la masa de arcilla hasta la cocción final en el horno. Ahora que las veía de nuevo, notaba que aquellas piezas nacieron más del entusiasmo que de la técnica; algunas tenían defectos evidentes, pero eso no le restaba valor.

Fue revisando cada objeto, mientras la botella de vino tinto que tenía en la mano iba vaciándose sin que se diera cuenta.

La luz de la luna caía desde la ventana superior, bañando el ático en un resplandor plateado. Todo se sentía como un salto en el tiempo, un regreso a los días en los que Candela era feliz sin preocupaciones.

Al mirar las cerámicas hechas por ella misma, volvió a recordar las jornadas solitarias en ese ático, cuando podía pasar un día entero ahí, sin sentir la menor pizca de aburrimiento.

Desde los primeros bocetos hasta moldear la arcilla, aplicar el color y meterlo al horno, todo el proceso era un disfrute. Aquella fue, sin duda, la época más alegre de su vida.

En ese entonces, igual que su madre, ella no sabía absolutamente nada de lo que pasaba con su papá. Por eso, tanto ella como su hermano dudaban si decirle la verdad a su mamá.

A veces pensaba que vivir en una burbuja tenía sus ventajas, pero también sus desventajas… y ni ella misma podía decidir qué era mejor.

...

Candela se detuvo frente a la última caja.

Entre todas, esa tenía el empaque más bonito y cuidado.

Ella sabía perfectamente qué contenía.

Era, después de todo, la obra que más satisfacción le había dado en la primera mitad de su vida.

Todavía lo recordaba con claridad: aquel día, la escuela había invitado a una celebridad para dar una charla a los estudiantes.

Fidel, en ese entonces, apenas tenía poco más de veinte años. Su imagen destacaba entre todos, y no faltaban las chicas que gritaban emocionadas solo al verlo pasar.

Candela también quedó cautivada.

Después, se la pasó investigando sobre Fidel en internet. No solamente le gustaba su apariencia; su talento y carisma terminaron por conquistarla por completo.

En un momento, lo llegó a considerar su ídolo.

Era su último año de prepa, y ese gusto se volvió un secreto que no podía contarle a nadie.

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