—¡Señorita Candela!
Regina se acercó de inmediato para tomar las maletas de Candela.
—El señor Horacio tuvo que ir a una reunión de último momento, así que vine yo a recogerte.
Candela llevaba tres años sin regresar a Nueva Arcadia. Al ver a Regina, sintió una calidez familiar que hacía mucho no experimentaba.
—Regina, sigues igual que siempre. Llámame Candela, no hay necesidad de tanta formalidad.
Regina la miró con una sonrisa y asintió.
—Está bien, Candela.
Solo Erik sabía que Candela había vuelto a Nueva Arcadia.
Después de lo ocurrido, Candela no tenía ánimos de ver a su padre.
Erik le había propuesto que se quedara en su casa, pero Candela prefirió no incomodar a su hermano y a Regina, así que reservó por su cuenta una habitación en un hotel.
Le dijo al chofer el nombre del hotel y, en cuanto subieron, el carro arrancó.
Regina tenía una expresión un poco incómoda.
Ella pensaba que lo suyo con el señor Horacio era un secreto.
Candela notó la incomodidad de Regina y le sonrió.
—Mi hermano ya me contó todo, Regina. Me alegra mucho que estés a su lado, de verdad.
Regina se sorprendió.
Jamás imaginó que Erik le hubiera contado a su hermana sobre su relación. ¿Sería que Erik sí pensaba en algo serio con ella y no solo estaba jugando?
Candela no sabía que esa frase que soltó sin pensarlo, tiempo después, traería tantos problemas a Regina.
...
Regina acompañó a Candela hasta el hotel y, luego de asegurarse de que no necesitaba nada más, se despidió.
Candela acomodó rápidamente sus cosas en la habitación. Quería descansar temprano para estar fresca en la reunión del día siguiente.
Lo que no imaginaba era que, en ese mismo hotel, también se hospedaban Zaira y Fidel. Para colmo, estaban en el mismo piso.
...
Al día siguiente, Candela se arregló y bajó al restaurante para desayunar.

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