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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 492

—¿Tienes frío? —preguntó él.

—No tanto. —Pero de nuevo no pudo evitarlo y estornudó otra vez.

Adrián se miró a sí mismo y miró alrededor; no había nada con qué abrigarla. En el barco había mantas, pero era un barco de carga: todas eran de los tripulantes. A ella seguramente le incomodaría usarlas, y él solo llevaba puesta una camiseta, no tenía nada que quitarse para dárselo.

—¿Quieres ir a esperar dentro de un camarote? —

propuso.

—¡No! —Le daba pena ir a ocupar el espacio de los tripulantes, y tampoco le gustaba la idea de dormir en una cama ajena.

—Entonces espérame un momento. —Se puso de pie y se fue.

Supuso que fue a buscar ropa, una manta o algo para que se arropara. En realidad, lo que sentía no era solo frío. Estaba empezando a marearse. Náuseas, ganas de vomitar; si el barco se sacudía un poco más fuerte, iba a devolver todo.

Después de que Adrián se fue, el viento arreció y el barco comenzó a mecerse bruscamente. Olivia estaba sentada en medio de la cubierta, mirando la oscuridad a su alrededor. El mar parecía un enorme agujero negro; se imaginó que, si el oleaje crecía un poco más, la nave podría volcar y arrastrar a todos al fondo del mar.

Quiso ponerse de pie para ir a buscar a Adrián, pero en cuanto se levantó todo le dio vueltas y ni siquiera pudo mantenerse firme. Las náuseas empeoraron; ya sentía un sabor salado y amargo subiéndole por la garganta, señal de que estaba a punto de vomitar.

Tenía miedo de no resistir y terminar vomitando en la cubierta, pero tampoco se atrevía a acercarse a la borda.

Se sentó de nuevo y se concentró en tranquilizarse y en no dejar que nada saliera.

—¡Olivia, ven acá! —Adrián la llamó desde el otro extremo.

Negó con la cabeza. La sacudió con fuerza.

—¿Por qué no? Ven, aquí hay calor —dijo Adrián haciéndole señas.

Intentó ponerse de pie, pero de pronto una ola grande sacudió el barco y se le resbalaron las piernas. Le regresaron las ganas de vomitar.

—¡No! ¡No voy! —Se agachó, se abrazó los pies y se negó a dar un paso más.

—¿Qué tienes? —Adrián caminó hacia ella a paso rápido—. El capitán y los tripulantes prepararon un caldo picante y están comiendo. Acércate al fuego para que se te quite el frío.

Olivia solo se abrazó las rodillas, hundió la cara y siguió negando.

—¿Qué tienes? ¿Estás herida? —Adrián se dio cuenta de que había pasado algo por alto: cuando la sacó del compartimento, no revisó si estaba lastimada.

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