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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 491

Olivia sentía una frustración sofocante que no sabía hacia dónde descargar. La que había dicho que serían desconocidos desde entonces fue ella, y ahora la que terminó metida en problemas y rescatada por él también era ella.

—No vayas a pensar que fui yo quien te rescató —dijo él de pronto.

Como si otra vez le hubiera leído el pensamiento.

Ella volteó a mirarlo con una rabia indescriptible: ¿

ahora sí podía adivinar hasta lo que pensaba? ¿Antes tenía los ojos y la mente tapados de porquería?

—Solo fue que el señor Quiroga llamó a mi teléfono y yo tenía la ubicación a la mano, nada más. No importa si eras tú o un verdadero desconocido, igual habría venido —dijo con tono neutro—. Al final, los sospechosos del barco los arrestó la policía. El señor Quiroga no está en Altabrisa estos días; si yo no subía al barco, ¿quién iba a hacerlo?

Toda esa ira confusa de Olivia, fuera enojo o resentimiento, le hizo un nudo en la garganta.

—Además, después de todo, yo...

—¿La encontraron?

Adrián estaba a punto de decir algo más cuando alguien preguntó desde el otro extremo del barco.

—Sí—respondió Adrián, poniéndose de pie.

Era la policía. El oficial le hizo a Olivia varias preguntas y levantó un registro. Así fue como Olivia se enteró de que, por la seguridad de la tripulación y la carga, los dos sujetos ya habían sido enviados en una lancha rápida rumbo a tierra. La policía y Adrián se quedaron a bordo solo para buscarla, y ahora planeaban bajar en el siguiente puerto.

—¿Qué tan lejos queda? ¿Cuánto falta para llegar al siguiente puerto? —preguntó con apuro.

Era un buque de carga con muy pocos pasajeros. A medida que avanzaban, la oscuridad del mar se tragaba el horizonte. Clavó la vista en esa negrura infinita y sintió un escalofrío real recorriéndole la espalda.

—Unas dos o tres horas, calculo —respondió el policía, y se retiró.

Olivia no se atrevió a ir detrás del oficial. Quiso decir algo, pero se contuvo, y al final solo dejó escapar un suspiro en silencio.

—¿Tienes miedo? —Adrián por fin lo notó.

Olivia no le hizo caso.

Él miró a su alrededor.

—¿De la oscuridad? ¿De los delincuentes?

La cara de Olivia seguía diciendo a gritos "no tengo ganas de hablar contigo".

—No tengas miedo. Durante todo el trayecto, estaré

contigo.

Olivia se enfureció de pronto.

—¿No te das cuenta de que tú me das más miedo que cualquier delincuente?

Adrián cambió de expresión. Sabía a qué se refería.

Hay heridas que, por más que ella eligiera olvidar, jamás se borrarían.

No volvió a hablar. Solo se sentó en silencio a su lado.

En ese instante, hasta el sonido de su voz debía resultarle odioso.

*** Hacía buen clima esa noche. El cielo estaba despejado y las estrellas se movían por todas partes;

en mar abierto, sin nada que las obstruyera, brillaban con especial intensidad.

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