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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 636

Capítulo 636 La abuela volvió a hacer un guiso y preparó un arroz con tocino que olía delicioso. Leonardo se comió dos platos enormes de puro arroz y, al terminar, se echó hacia atrás en la silla y se sobó la panza.

-Abuela, la comida le sale riquísima. ¿Puedo pagarle la comida y venir seguido? -dijo, satisfecho.

Olivia lo miró y, sin saber por qué, esa cara de satisfacción le resultó conocida. La abuela rio.

-¿Vienes a comer y quieres pagar? Si te gusta cómo cocino, ¡ven a comer cuando quieras!

-No es broma, abuela. -Leonardo se puso muy serio Igual le pago al restaurante y ya estoy harto de esa comida. ¡Lo que como ahí no se compara con lo suyo!

De eso Olivia sí podía dar fe. Asintió.

-Sus papás viven ocupados con el negocio y viajan mucho dentro y fuera del país. Entre semana come en la cafetería y los fines de semana, en restaurantes.

-¿Cómo va a ser eso? -protestó la abuela-. ¡De ahora en adelante, ven a comer cuando tengas tiempo! ¿Cómo vas a vivir comiendo afuera?

-¡Está bien, abuela, entonces no me haré de rogar! - dijo Leonardo, riéndose.

Olivia volvió a mirarlo casi sin darse cuenta. Cuando estaba frente a la abuela, Leonardo le resultaba muy familiar.

Cuando terminaron de comer, ya era muy tarde y, como les daba pena pedirle que se fuera, lo invitaron a pasar la noche.

Esa noche, después de que la abuela y Leonardo se fueron a descansar, ella abrió su correo y se puso a calcular con detalle qué edad tendrían entonces su tía y su primo, y qué estarían haciendo.

Su primo todavía estaba en la universidad y aún no había heredado el patrimonio de la familia Rossi.

Su tía todavía era directora de diseño en una marca de moda y aún no se había independizado para crear su propia marca.

En la primera, tramitaría los papeles para que ella y la abuela salieran del país y le pidió que fuera preparando la documentación. Incluyó una lista clarísima de los documentos que necesitaba.

En la segunda, si la abuela no quería irse, él se encargaría de mantenerlas a salvo. De las dos opciones, le recomendaba elegir la primera, aunque al principio solo fuera para vivir afuera una temporada.

El correo no tenía ni una palabra de relleno.

Pero, eligiera la opción que eligiera, en sus manos todos los problemas parecían tener solución. Si en este mundo existiera un genio de la lámpara, ese sería su primo.

Desde luego, ella no iría al extranjero a estudiar la licenciatura. Llevaba diez años practicando danza clásica y su meta de toda la vida era entrar a la Escuela Nacional de Danza.

Pero sí quería que la abuela pudiera reunirse cuanto antes con su tía. Si llegaba ahora, con los pasatiempos a los que más adelante se aficionaría gracias a su tía, quizá en diez años tendría una vejez muy distinta.

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