—¿Nuestros? ¡Ni en tus sueños! Hay niveles y Adri está a años luz de alguien como tú. —Paulina le dedicó una mirada despectiva.
Beto no se quedó callado y rio, burlón.
—Tu Adri, aparte de ser más guapo que yo, ¿en qué
me supera?
—En todo —replicó Paulina con un resoplido.
—¿En serio? —Beto se burló—. Estudiamos en la misma universidad, la misma carrera, fundamos la empresa juntos, y yo no trabajo ni un poco menos que él. ¿En qué se supone que me queda grande?
—Él es el presidente y tú el vicepresidente. Ahí está la diferencia —dijo Paulina con desdén.
La mueca burlona de Beto se acentuó.
—¿Y aun así te acuestas conmigo? ¿Por qué no vas y le pides lo mismo que a mí a tu Adri?
—Vulgar... —Paulina lo miró con desprecio.
—Deja de hacerte ideas y dedícate a cuidar el embarazo. Trae a mi hijo al mundo sano y salvo. —
Beto rio con cinismo—. Esfuérzate, ve y conviértete en la señora Vargas.
—Se dice fácil, pero ¿y si Adri pide una prueba de paternidad?
—No lo hará —afirmó Beto con seguridad—. Su mayor debilidad es que le da demasiada importancia a la lealtad de aquellos años, y confía ciegamente en la gente que tiene cercа.
Paulina lo observó sin entender.
—Beto, nunca pensé que fueras tan bajo. Adri te trata tan bien... ¿cómo pudiste traicionarlo?
Él le pasó el brazo por los hombros.
—Por ti, mi amor.
—No me vengas con eso —dijo Paulina con una risa sarcástica.
—¿Qué? ¿Te da lástima tu Adri? ¿Ya no soportas la culpa? ¿Te arrepentiste? ¿Al final sigues enamorada de él? —le siseó Beto al oído, apretando los dientes.
Paulina no contestó.

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