En el hospital.
Adrián fue a pagar la cuenta. Beto y Paulina permanecían en la sala de espera.
Ella estaba muy molesta.
—Adri es un caso perdido, ¿cómo puede ser tan terco?
¿En serio va a darle todos sus bienes a Olivia? Si ni siquiera el convenio de divorcio que ella le dejó
incluye esa cláusula. Olivia ni lo pidió, ¡y él insiste en dárselo!
—Baja la voz —le dijo Beto—. Lo que le da son bienes personales. Mientras la empresa siga en pie, puede seguir ganando dinero. No te limites a mirar el árbol y pierdas de vista el bosque. Lo importante es que Adri logre divorciarse sin problemas. Si se sigue retrasando, el bebé va a nacer sin un padre que lo reconozca legalmente.
Paulina no pudo disimular la preocupación.
—Beto, ¿de verdad no hay otra solución? ¿Tú crees que Adri va a...?
—Listo, vamos al estudio —dijo Adrián al volver.
Los dos se callaron.
Terminaron los estudios y todo salió normal. Los tres dejaron el hospital. Ya en el auto, Paulina le preguntó
a Adrián:
—¿Adónde vamos acomer? Tengo hambre.
Adrián iba manejando, distraído.
—¿Adónde quieren ir? Los llevo.
—¿Tú no vas? —preguntó Paulina con reproche.
—Tengo algo que hacer —dijo Adrián.
Paulina se quedó callada, resentida. Pero Adrián ni siquiera notó que estaba enojada y siguió manejando.
Así que, se indignó aún más, pero tuvo que tragarse su orgullo y voltear a hablarle; si ella no tomaba la iniciativa, él era capaz de llegar al destino sin abrir la boca.
—Adri, no puedo seguir comiendo a deshoras así. i Estoy embarazada! Una mujer en mi estado necesita alimentarse bien. No puedo vivir de comida a domicilio o de restaurantes.
Adrián se quedó pensando un momento.
—¿Y si contratamos a alguien que te cocine?
Paulina lo miró con los ojos llorosos.
—¿No puedes ir a mi departamento después del trabajo?

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