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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 954

Incluso a Valeria, que estaba a un lado, le tembló levemente la mirada.

La mano de Fiona, que sostenía el arma, temblaba por la adrenalina y los nervios.

Si estuviera sola, no tendría miedo.

Pero tenía a una niña a su lado.

Pasara lo que pasara, no podía permitir que le hicieran daño a Silvia...

Sin embargo, al final del día ella no dejaba de ser una mujer frente a seis guardaespaldas profesionales. Esos tipos debían estar acostumbrados a ver cosas peores que una simple navaja; seguramente habían lidiado con armas de verdad.

Su amenaza no les provocó ni pizca de miedo. Varios de ellos reaccionaron rápido y se lanzaron contra Fiona para someterla.

El primer instinto de Fiona fue huir.

Soltó el cuchillo, agarró a la niña de la mano y corrió hacia la salida.

Pero al llegar a la puerta, dio un paso demasiado largo y se torció el tobillo en un escalón.

Un dolor agudo le atravesó la pierna, tan intenso que casi le corta la respiración.

Silvia se detuvo también y miró a Fiona con terror en los ojos.

—Fiona...

Fiona se dobló del dolor, llevándose las manos al tobillo por puro instinto.

En esas condiciones, era imposible que pudieran escapar juntas.

Pero tenía que salvar a la niña como fuera.

Silvia era muy lista y se sabía los números de Samuel y Ofelia. Si lograba salir, seguro buscaría ayuda.

—¡Silvia, corre! ¡Busca a alguien que te preste un teléfono y háblale a tu papá!

—Pero...

Cuando Fiona quiso voltear, vio que uno de los guaruras ya había salido a perseguir a Silvia.

Sus ojos se llenaron de furia y se giró hacia Valeria.

—¡Esto es entre tú y yo! ¡No metas a gente inocente, es solo una niña!

—Si es alguien importante para ti... —Valeria se acercó con el rostro desfigurado por la ira—, ¡entonces no es inocente!

Valeria gritaba cada vez más fuerte, con una mirada helada.

Fiona la vio acercarse paso a paso y sintió que el pánico se apoderaba de ella.

Hace un momento no se había atrevido a cortarse la cara ella misma, pero si caía en manos de Valeria otra vez, ¡seguro que esa loca lo haría por ella!

Solo de pensarlo le dio un escalofrío. Intentó retroceder arrastrando el pie.

Pero el esguince era grave; con el más mínimo movimiento sentía que el dolor le calaba hasta los huesos.

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