Samuel llevó a Fiona a casa en coche.
Nada más llegar, vieron a la niña sentada en el jardín. Helena estaba a su lado, barriendo el patio.
—¡Fiona! ¡Padrino!
Al verlos llegar, Silvia corrió velozmente hacia ellos.
En los ojos de Fiona surgió un destello de curiosidad.
Inconscientemente, extendió la mano y acarició suavemente la cabeza de la niña.
Su voz sonó especialmente tierna:
—Es muy tarde, ¿por qué no te has ido a dormir?
—Porque no habían llegado, y quería esperarlos para irme a dormir.
Silvia levantó su cabecita y miró fijamente a Fiona, con los ojos llenos de curiosidad:
—Fiona, ¿a dónde fueron tú y mi padrino esta noche? ¿Por qué regresaron tan tarde?
Fiona bajó la mirada hacia el rostro de la niña y esbozó una leve sonrisa.
La miró con un aire misterioso y dijo:
—Hoy fui con tu padrino a hacer algo muy importante...
—¿Importante? ¿Qué cosa importante?
La curiosidad en los ojos de Silvia se intensificó de golpe.
Fiona quería darle una sorpresa, así que no planeaba decírselo en ese momento.
Le dio un toquecito suave en la cabeza:
—Mañana lo sabrás.
—¿Tiene que ver con mi cumpleaños?
Silvia siempre había sido muy lista y lo adivinó al instante.
Para cuando terminaron de discutir todo, era casi medianoche.
Se acostaron y cayeron en un sueño profundo.
A la mañana siguiente, Fiona tenía la intención de llevar a la niña a la escuela personalmente, pero Thiago la llamó para decirle que un paciente muy importante ya estaba esperándola en la clínica y necesitaba que ella lo atendiera personalmente.
Tuvo que dejar de lado el asunto de la niña y priorizar al paciente.
Llegó a la clínica y estuvo ocupada hasta cerca del mediodía, momento en el que recordó enviar los mensajes a los invitados para invitarlos a la fiesta de cumpleaños en el hotel esa noche.
Justo cuando tomó el celular para enviar los mensajes, el teléfono sonó.
Bajó la mirada y vio que era la maestra de Silvia.
No sabía por qué, pero al ver esa llamada, Fiona sintió una repentina inquietud en el corazón.
Tras pensarlo un instante, contestó y se llevó el teléfono al oído:
—Bueno, ¿maestra?

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