Fiona asintió levemente y respondió con un tono suave:
—Es verdad.
Ofelia suspiró:
—Apenas te libras de una Daniela y ahora sale una Valeria. Tu vida amorosa no es precisamente más tranquila que cuando estabas con Esteban, ¿eh?
En los ojos de Fiona apareció una sombra de resignación.
Esbozó una sonrisa ligera, pero no dijo nada.
Si lo pensaba bien, era algo normal.
Porque tanto Esteban como Samuel, dejando de lado sus antecedentes familiares, eran hombres muy capaces y sobresalientes. Tipos así, naturalmente, son muy cotizados.
Por eso, incluso cuando estaba casada con Esteban, Bianca se metió en medio a sabiendas. Y ahora que estaba comprometida con Samuel, Valeria también llegaba a rondar, sin importarle usar su estatus de «prometida caducada» para acercarse.
Desde el día que empezó con Samuel, sabía que esto podía pasar.
—Bueno, ya es tarde, mejor ponte a trabajar. Yo no tengo nada grave, así que no te preocupes tanto.
Fiona no quería seguir gastando energía en ese tema y miró a Ofelia.
Ofelia asintió levemente al escucharla.
—Entonces ten mucho cuidado de ahora en adelante. Tienes que cuidarte de la gente que te rodea, ¡que no te vuelva a pasar algo así!
Fiona asintió y no añadió más.
La realidad era que ese tipo de cosas no se solucionaban solo con tener cuidado.
Es fácil esquivar una lanza a la vista, pero difícil protegerse de una flecha oculta.
Tenía el presentimiento de que Andrés no se iba a quedar tranquilo...
—Hace tiempo que no nos veíamos. ¿Acaso la señorita Morales ya arregló todos los desastres que tenía en su vida?
Fiona sonrió levemente, observando a la mujer frente a ella con calma.
Al mencionar sus problemas, el rostro de Bianca se ensombreció al extremo y su voz se volvió grave:
—¿Qué te importa si los resolví o no?
—Si no los has resuelto, mejor vete a arreglarlos bien y deja de rondar al niño. No vengas a meterle tus ideas retorcidas a mi hijo; si luego lo malcrías, me va a costar mucho corregirlo...
Desde que Pedro y Silvia se hicieron buenos amigos, la mentalidad del niño había cambiado mucho.
Ahora ya no era tan terco; comprendía la situación de Fiona y era más tolerante.
Ver ese cambio en él la hacía sentir muy aliviada.

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