Resultaba que, para ese hombre, ella era incluso más importante que su propia dignidad.
Si una situación así hubiera ocurrido en el pasado, cuando quien estaba a su lado era Esteban, estaba segura de que él jamás se habría arrodillado.
Pero Samuel estuvo dispuesto a llegar a ese extremo por ella.
En el corazón de Fiona surgió una sensación agridulce, una emoción difícil de describir.
Quizás por el ajetreo de toda la noche, Fiona se quedó dormida antes de llegar a casa.
Samuel no la despertó. La cargó hasta la habitación, la dejó sobre la cama y, al bajar la mirada para contemplar su rostro sereno, sintió que su propia ansiedad comenzaba a calmarse.
Había sido una noche de pesadilla, pero con un final afortunado.
Si a Fiona le hubiera pasado algo a manos de Andrés, él no habría sabido qué hacer.
Aunque matara a Andrés, jamás podría perdonarse a sí mismo.
Por fortuna, ella estaba bien.
***
Al día siguiente, por la mañana.
Cuando Fiona despertó, el hombre ya no estaba en la habitación.
Al bajar las escaleras, vio a Helena haciendo la limpieza. Al verla, la mujer se emocionó visiblemente.
—Señorita Fiona, qué bueno que está bien...
Fiona se quedó atónita un instante.
—Helena, ¿tú también te enteraste?
—¡Claro! Ayer, cuando el señor Samuel trajo al niño, me contó lo que pasó. Me moría de preocupación cuando me enteré, pero gracias a Dios que no le pasó nada.
Fiona esbozó una leve sonrisa.
—Perdón por preocuparlos.
—No sabe, ayer cuando la niña Silvia escuchó que usted había desaparecido, lloró muchísimo. Costó mucho trabajo que se durmiera. Hoy en la mañana insistía en verla antes de irse al colegio, el señor Samuel tuvo que convencerla con promesas para poder llevarla.
La mirada de Ofelia estaba llena de ansiedad, fija en Fiona.
Incluso Thiago, que estaba a un lado, la miraba con preocupación.
—Thiago, si llega algún paciente, atiéndelo tú primero, por favor. Necesito hablar con Ofelia.
Fiona se giró hacia Thiago y habló en voz baja.
Thiago asintió suavemente.
—Claro, vayan.
Ambas entraron a la sala de descanso y se sentaron frente a frente.
Fiona le contó toda la historia con lujo de detalles.
Al terminar de escuchar, los ojos de Ofelia reflejaban puro asombro.
—Menos mal que no pasó a mayores. Si te hubiera pasado algo, Samuel nunca se lo habría perdonado, y mucho menos habría dejado vivo a su enemigo...

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