El rostro de Fiona se oscureció aún más, pero respondió sin dudar:
—Está bien, se lo diré sin falta.
Tras colgar, dejó el celular sobre la mesa y caminó a paso veloz hacia el balcón.
Contempló la luz de la luna con una mirada sombría. En ese instante, una leve inquietud brotó en su interior. Era una sensación difícil de describir, un mal presentimiento que le oprimía el pecho.
Se escuchó el clic de la cerradura.
No supo cuánto tiempo había pasado cuando la puerta del baño se abrió. Fiona giró la cabeza y vio a Samuel salir, con el vapor aún pegado a la piel.
El hombre frunció el ceño, recorrió la habitación con la mirada y finalmente fijó sus ojos en ella.
—¿Por qué no estás descansando? —preguntó, notando su tensión—. ¿Qué haces ahí afuera?
Fiona regresó rápidamente al interior, se detuvo frente a él y, mirándolo a los ojos, le contó todo lo que Israel le acababa de decir por teléfono.
Samuel escuchó sin inmutarse. Al terminar, simplemente caminó hacia la cama como si nada.
—Samu, ¿por qué reaccionas así? —Fiona lo miró confundida, sin entender su indiferencia.
Samuel curvó los labios en una sonrisa leve.
—¿Y cómo debería reaccionar?
—¿No planeas ir al hospital a verlo mañana?
—No —respondió él de inmediato, sin pensarlo dos veces—. Definitivamente no voy a ir.
Fiona lo pensó un momento, pero decidió no insistir más. Se acostó a su lado, lo abrazó y finalmente cayó en un sueño profundo.
Al día siguiente, por la mañana.
Aunque Samuel estaba herido, fue a la empresa como de costumbre, sin la menor intención de ir al hospital a ver a Andrés.
Fiona quiso convencerlo una vez más, pero al ver que a él no le importaba, desistió.
Finalmente, dejó de darle vueltas al asunto y condujo hasta su clínica. Hoy ya podían reanudar actividades normales; la auditoría había concluido que sus impuestos estaban en orden y no había problemas.
Se concentró totalmente en el trabajo, atendiendo a los pacientes que llegaban a consulta. Además de trabajar, se mantuvo atenta a cualquier noticia de Samuel.
Debido a que Samuel tenía reuniones importantes esos días, Lucas dejó de escoltar a Fiona para quedarse pegado a su jefe.

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