En ese momento, el celular que Samuel había dejado sobre el escritorio comenzó a sonar.
Le echó un vistazo a la pantalla y le hizo una seña a Lucas con la mano:
—Déjanos solos.
Lucas asintió levemente y salió de la oficina.
Tras colgar, las palabras que Lucas le acababa de decir no dejaban de resonar en la mente de Samuel.
¡Esa mujer se había atrevido a ponerle una mano encima a la suya!
¡Me las va a pagar!
Desde que se enteró de lo sucedido, había estado inquieto todo el día, incapaz de calmarse.
Apenas cayó la tarde, salió disparado en su coche rumbo a casa.
Al llegar, lo primero que vio fue una silueta sentada en el jardín.
Fiona estaba ayudando a la niña con la tarea, totalmente concentrada.
Samuel aceleró el paso y se acercó a ella rápidamente.
Ella no notó su presencia hasta que él estuvo justo a sus espaldas.
Se giró de golpe y se encontró con el hombre parado detrás de ella.
Era Samuel.
—¿Por qué llegaste tan temprano hoy?
Los ojos de Fiona mostraban curiosidad y en su rostro se dibujó una leve sonrisa.
La mirada del hombre se clavó en su mejilla, donde notó de inmediato una marca rojiza.
Seguramente se había puesto una capa gruesa de maquillaje, pero la marca de la bofetada seguía siendo visible.
Fiona sintió claramente que él le estaba examinando el rostro, así que instintivamente volteó la cara hacia otro lado.
Pero en ese instante, el hombre extendió su mano grande y fuerte, y la levantó de un tirón.
—¿Qué te pasa? ¡Tengo que ayudar a Silvia con su tarea!
—Ven conmigo, tengo que preguntarte algo importante.
Respondió con seriedad:
—En realidad, él no me lo dijo por voluntad propia. Yo noté que algo andaba mal y lo presioné hasta que habló. No lo culpes a él, no tuvo mucho que ver...
Fiona suspiró levemente y admitió:
—Es verdad, ella me pegó porque discutimos, pero yo se la devolví, así que quedamos a mano.
Al ver la sonrisa triunfante en su rostro, la mirada de Samuel se llenó de impotencia.
Sacudió la cabeza ligeramente y preguntó con seriedad:
—¿Cómo puedes reírte de eso?
—¿Y qué querías? ¿Que me pusiera a llorar?
Fiona lo miró con seriedad; la sonrisa en su rostro se desvaneció poco a poco y su tono se volvió frío.
El semblante de Samuel también se oscureció y fue directo al grano:
—¿Cómo quieres que me vengue por ti? ¿Ya lo pensaste?

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