En cuanto la voz de Fiona se apagó, los ojos de la mujer frente a ella destellaron con frialdad.
Tras pensarlo un instante, Valeria finalmente habló:
—Si no tienes pruebas, te pediría que no levantes falsos, señorita Santana. Ten cuidado, no te vayas a quemar...
Fiona soltó una risa sarcástica.
—Desde que me metí contigo, ya estoy quemada. ¿Venir ahora con esas advertencias no te parece un poco tarde? ¿O es que prefieres esconderte en las sombras y reírte de mí sabiendo la verdad?
—Si realmente quisiera reírme de ti, no estaría con esta actitud.
Valeria la miró con una sonrisa que no llegaba a los ojos, su mirada era gélida.
Fiona no tenía ganas de seguir perdiendo el tiempo. Se levantó del sofá y caminó rápidamente hasta quedar frente a ella.
La miró con altivez y soltó sin rodeos:
—¿Tan difícil es admitir lo que hiciste? Esconderte como una cobarde y usar a esos títeres para que den la cara por ti... ¡Me das asco!
Asco.
En cuanto esa palabra resonó en el aire, el rostro de Valeria cambió drásticamente.
Las manos que tenía sobre su regazo se tensaron con fuerza.
Levantó la cabeza de golpe, cruzando su mirada furiosa con la de Fiona; sus ojos emanaban un frío aterrador.
Se puso de pie sin dudarlo, encarando a Fiona.
—¿Qué estupideces estás diciendo? —le espetó con rabia—. ¡Más te vale lavarte la boca antes de hablar! Si sigues diciendo tonterías, ¿crees que no soy capaz de partirte la cara?
Fiona sonrió con sarcasmo, sosteniéndole la mirada.
—¡Señorita Domínguez! ¿Qué te parece si filtro este audio para que tus seguidores vean tu verdadera cara?
En ese momento, Fiona sacó su celular del bolsillo y lo agitó suavemente frente a ella.
Al ver el gesto, los ojos de Valeria se llenaron de pánico.
Su vista se clavó en la pantalla del celular, que efectivamente mostraba una grabación en curso.
—¡Eres una descarada! ¿Me tendiste una trampa?
El rostro de Valeria era un poema de indignación.
Por instinto, estiró la mano intentando arrebatarle el celular a Fiona.
Después del incidente de la noche anterior, su propio teléfono había quedado hecho pedazos. Este era su celular de repuesto y, tras esa lección, no iba a permitir que Fiona se saliera con la suya tan fácilmente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera