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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 830

Al escuchar sus palabras, el corazón de Esteban se hundió hasta el fondo. Sacó un cigarro, pero le temblaban tanto las manos que apenas podía sostenerlo. Nunca se había sentido tan desesperado como en ese momento.

De verdad se arrepentía, ¿por qué carajos no la valoró cuando la tenía?

Las lágrimas en los ojos de ella le nublaban la vista, borrándolo todo. Él dio una calada al cigarro y se disculpó con voz grave:

—Perdón, esta noche... se me subieron las copas y perdí la cabeza.

—¡Vete! —dijo Fiona con tono tajante—. No quiero verte, por favor no te me acerques en un buen tiempo.

Fiona se levantó rápido y se dirigió al baño. El hombre se quedó mirando su espalda mientras se alejaba, con la visión borrosa por la tristeza. Solo cuando escuchó el portazo del baño, se levantó y caminó hacia la salida.

Le cayó el veinte poco a poco... Menos mal que recuperó la cordura y no le hizo nada imperdonable. Si algún día su tío llegaba a despertar y se enteraba de que se había propasado con Fiona, probablemente lo mataría él mismo.

Fiona esperó a escuchar el ruido de la puerta cerrándose antes de levantar la vista hacia el espejo. Afortunadamente no pasó nada, de lo contrario no habría tenido cara para mirar a ese hombre.

Ya más calmada, al pensar en Samuel, se derrumbó por completo. Durante estos dos meses cuidándolo día y noche no había llorado. Al darle terapia tampoco. Pero en este momento, no pudo aguantar más.

De repente sintió un deseo inmenso de que despertara, más fuerte que nunca. Quería comer con él, platicar con él, abrazarlo, tener cualquier tipo de intimidad con él... La añoranza llegó a su punto máximo. Aunque lo veía todo el tiempo, lo extrañaba, porque a quien realmente extrañaba era al hombre lleno de vida que solía ser, no al que yacía en esa cama sin moverse.

Era la primera vez en diez días que Fiona regresaba al Residencial San Jerónimo, principalmente para ver a los niños. Él se enteró y corrió para allá.

La noche trajo una tormenta eléctrica; Esteban estaba parado afuera de la residencial bajo un paraguas negro. Le había marcado tres veces a Fiona, pero ella le colgó todas las llamadas.

En el segundo piso, Ofelia miraba a través de la ventana hacia la entrada del jardín. De inmediato vio a Esteban parado afuera.

—Lleva una hora ahí parado con esta tormenta eléctrica, ¿segura que quieres dejarlo ahí esperando? ¿No será peligroso?

Ofelia cerró las cortinas rápidamente y volteó a ver a Fiona.

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