Ella curvó los labios en una sonrisa sarcástica.
—Sé honesto contigo mismo. ¿De verdad solo quieres saber la verdad? ¿Me puedes jurar que no tienes ninguna segunda intención?
Al verse descubierto, Esteban parpadeó nervioso, pero finalmente lo admitió:
—Es cierto, tengo mis motivos. Espero que mi tío te olvide por completo, así podrás considerar volver conmigo...
—¡Ni lo sueñes! —lo interrumpió Fiona con voz firme—. Tenga amnesia o no, me recuerde o no, ¡nunca voy a volver contigo!
—Al paso que va, tarde o temprano te olvidará. Olvidará su pasado, olvidará todo. ¿Vas a quedarte cuidando a un desconocido por el resto de tu vida?
Esteban se levantó y se acercó a ella. Se inclinó, poniendo una mano sobre su hombro, y habló con seriedad:
—Fiona, antes de que esto se ponga peor, deberías dejarlo. Vuelve a mi lado. Al fin y al cabo, él no recordará nada de esto después, así que no tienes que preocuparte de que sufra o se ponga triste.
—¡Él no, pero yo sí!
Fiona lo miró desafiante, alzando la voz. Estaba tan furiosa que le temblaban los hombros. Esteban pareció sorprenderse por su reacción tan intensa.
Fiona se puso de pie de un salto.
—¡Ya te lo dije! Jamás volveré contigo, así que mejor ve matando esa esperanza.
Una voz profunda la interrumpió desde la entrada. Al levantar la vista, vio que Esteban no había cerrado bien la puerta y Thiago había entrado, mirándola con preocupación.
Fiona negó con la cabeza y se secó las lágrimas rápidamente.
—No es nada, no te preocupes.
—Estás hecha un mar de lágrimas, eso no es «nada». ¿Qué pasó? —insistió Thiago, preocupado al verla así por primera vez—. Si quieres, puedes contarme.
Fiona recordó que Thiago venía de una universidad prestigiosa y debía conocer a muchos expertos médicos. Tras pensarlo un momento, decidió contarle todo.

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