Conociendo el carácter de Bianca, no se iba a quedar de brazos cruzados.
***
Una semana después.
Fiona estaba en su estudio cuando recibió un paquete por mensajería. Al abrirlo, se encontró con una invitación de boda. Era una tarjeta roja elegante con letras doradas en relieve que brillaban con la luz. Sin embargo, no recordaba que ninguno de sus amigos fuera a casarse. Ofelia y Thiago tenían una relación estable, pero aún no había planes de boda. Entonces, ¿quién le enviaba esto?
Fiona abrió la invitación y de inmediato vio los nombres de los novios: Luciano y Bianca.
¿Bianca y Luciano se casan?
Miró la fecha por instinto: la boda era mañana por la noche. ¿La estaban invitando a su ceremonia?
Fiona cerró la invitación y volvió a concentrarse en sus diseños. No fue hasta que terminó su jornada laboral, al atardecer, que tomó la tarjeta y regresó a Costa de la Rivera.
El Porsche negro y el Maybach entraron uno tras otro al residencial. Fiona se bajó del coche sin olvidar la invitación y entró a la casa. Samuel llegó poco después y notó lo que traía en la mano:
—¿Qué? ¿Tenemos fiesta?
—Sí, mañana en la noche.
Fiona le pasó la tarjeta:
—Es la boda de Bianca y Luciano. Nos invitaron.
Ella no tenía casi ninguna relación con ese par. No entendía qué le pasaba a Bianca por la cabeza. ¿Acaso no sabía que la persona que más deseaba verla muerta era precisamente ella, Fiona?
—¿Vas a ir? —preguntó Samuel.
Fiona asintió levemente:
—Vaya, vaya, Bianca. Qué milagro —saludó Fiona.
—¡Ahórrate tu hipocresía! —En cuanto Bianca la vio, el odio en sus ojos se encendió—. ¡Por tu culpa Esteban sigue encerrado! ¡Tú eres la culpable de todo!
Fiona arqueó una ceja, sorprendida:
—¡Órale! Ya te vas a casar y sigues con «Esteban esto, Esteban aquello».
—Si tanto extrañas a tu ex, ¿en qué lugar dejas a tu futuro marido?
Se preguntaba si Luciano estaría al tanto de sus sentimientos. Si no sabía, pobre diablo; pero si sabía y aun así se casaba con ella... eso sí que estaba para pensarse.
—¡Eso no es asunto tuyo! —Bianca respondió agresiva, pero recordando dónde estaba, reprimió su coraje—. Más te vale que tu Samuel te cuide siempre, porque lo que le hiciste a Esteban no se va a quedar así. ¡Me las vas a pagar!

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