De repente, se arrepintió profundamente de haberse liado con esa mujer desquiciada.
Si no fuera por ella, las cosas entre él y Fiona no habrían llegado a este punto.
¡Todo era culpa de ella!
—¿Todavía quieres estar con ella?
Al darse cuenta de esto, la mirada de Bianca se heló por completo.
—Esteban, te aconsejo que te olvides del tema. ¡Ella ya es la prometida de Samuel! Dentro de poco se convertirá en tu tía política. Deja de hacerte sueños guajiros.
Incluso ella ya había aceptado el hecho de que Fiona y Samuel estaban juntos.
¿Por qué él no podía aceptarlo?
¿Acaso todavía amaba a Fiona?
«Sueños guajiros».
Esas palabras fueron como cuchillos cortándole el corazón.
Los ojos de Esteban se inyectaron de sangre al instante.
—Lo que yo haga no es asunto tuyo, así que ahórrate los comentarios.
—Puedo dejar pasar lo de Pedro por los viejos tiempos, pero si me obedeces ahora y cooperas conmigo, puedo asegurarte una vida sin preocupaciones.
—Así no tendrás que seguir escondiéndote como la amante secreta de Luciano.
Al escuchar esto, los ojos apagados de Bianca se iluminaron con un rayo de esperanza y su tono se volvió emocionado.
—¿Eso quiere decir que estás dispuesto a dejarme volver a tu lado?
¿Significaba eso que estaba dispuesto a aceptarla de nuevo?
La sola idea hizo que el corazón de Bianca saltara de alegría.
Esteban no lo confirmó, pero tampoco lo negó.
La mirada del hombre se volvió indescifrable, oscilando entre la luz y la sombra.
—Solo respóndeme: ¿sí o no?
Sin embargo, ella siempre había sido la mujer que más lo amaba. Si él se lo pedía, ¿cuándo se había negado?
Pero su actitud de hoy la dejó desconcertada.
***
Desde la cena de gala, Fiona no había vuelto a ver a Esteban, disfrutando de un periodo de relativa calma.
El citatorio judicial ya había sido enviado a Esteban y el juicio podría comenzar el mes siguiente.
Después del trabajo, Fiona fue a la escuela a recoger a Silvia, pero Pedro salió junto con ella.
—Mamá, ¿puedo ir a cenar hoy a Costa de la Rivera? No quiero regresar.
La voz de Pedro sonaba apagada, incluso temblorosa.
Papá estaba muy raro últimamente.
Ni siquiera se atrevía a acercarse mucho a él, por miedo a que le gritara o incluso le levantara la mano.
Por eso, si tenía la oportunidad, prefería estar con su mamá.

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