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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1028

—Pero por muy independiente que sea Pedro, no puedes privarlo del derecho de estar con su mamá.

Esteban, que había permanecido en silencio todo este tiempo, no pudo evitar intervenir al ver cómo trataban a Pedro, y no olvidó lanzar una pregunta cargada de intención:

—¿Tengo o no razón, tío?

Estaba convencido de que la frialdad de Fiona hacia Pedro se debía únicamente a Samuel.

Era su tío quien nunca había tolerado al hijo que él tuvo con Fiona. Y eso era lo que ponía a Fiona en esa encrucijada.

Samuel lo miró con frialdad, con una molestia oculta en el fondo de sus ojos, clavando su mirada en él casi como si quisiera congelarlo.

Sin embargo, la primera en refutarlo fue Fiona:

—Ya estuvo suave, Esteban. ¿Ya terminaste? Ya comieron, ¿ahora nos dejan ir o qué?

Ya había perdido demasiado tiempo allí y sinceramente no tenía ganas de seguir viéndole la cara.

Esteban guardó silencio ante su reclamo.

—Pedro, mamá vendrá a verte siempre que tenga tiempo libre, no creas que no te quiero. —Fiona suspiró levemente, se puso en cuclillas y consoló al niño—: Deja que mamá se vaya ahora, ¿sí?

Pedro miró a su papá, luego miró a su tío abuelo, y finalmente la soltó a regañadientes.

Después de que Fiona y Samuel bajaron las escaleras, Pedro se dirigió a Esteban:

—Papá, ¿mamá va a volver?

—Sí, seguro que sí.

Esteban esperó a ver cómo el Maybach negro desaparecía por la entrada antes de asegurárselo al niño.

No podía creer que su tío tratara así a Pedro e impidiera a propósito que Fiona volviera a verlo. ¿Ese era su supuesto amor por Fiona?

¿Qué era lo que realmente le molestaba? ¿El niño en sí, o el hecho de que Pedro fuera hijo de Esteban?

¿Tenía miedo de que resurgiera el amor entre él y Fiona?

Lástima para él; había cosas que, por mucho que intentara impedir, acabarían sucediendo.

—Tú dijiste que es imposible, pero Esteban no se da por vencido. Se nota a leguas que todavía no ha perdido la esperanza contigo.

Incluso pensaba en compensarla.

¿De verdad creía que las cicatrices del pasado desaparecerían con unos cuantos gestos amables?

Imposible.

Esos tres años de prisión estaban grabados en los huesos de Fiona; era un trauma que no podía borrar. En su momento, a él le costó mucho tiempo sacarla de ese pozo de oscuridad.

—Que no pierda la esperanza es su problema, ¿qué tengo que ver yo? Mientras no se meta en mi vida, haré como que no existe. —A Fiona le daba igual si él insistía o no; al fin y al cabo, estaba a punto de casarse con Samuel.

Ese resultado nadie lo iba a cambiar.

Samuel soltó una risa ligera, llena de sarcasmo.

—¿Quieres que no se meta en tu vida? Me parece que eso es lo único que no va a cumplir.

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