—Cuando salí de la cárcel, ustedes me robaron la casa que me dejó el abuelo. En ese momento, no vi que tuvieran ni una pizca de corazón ni compasión.
Fiona no había olvidado el daño que la familia de su tía le había hecho.
—Ahora que la vida da vueltas y te va mal en los negocios, ¿vienes corriendo a pedirme dinero?
En aquel entonces, ella acababa de salir de prisión, estaba sola y vulnerable.
Si no hubiera sido por su habilidad en terapias de rehabilitación que le ganó el apoyo de Samuel, jamás habría recuperado la casa del abuelo tan rápido.
Y todo eso fue causado por la avaricia desmedida de Azucena.
Al ver que le sacaban los trapos al sol, Azucena pasó de la súplica a la furia. La sonrisa fingida desapareció al instante.
—¿Me estás echando cosas en cara?
Fiona no dijo nada, pero la expresión en su rostro lo confirmaba todo.
—Muy bien, Fiona. Ahora que pescaste marido rico y te sientes muy importante, crees que puedes mirar por encima del hombro a tus parientes pobres.
Los ojos de Azucena ardían de coraje.
—Pero estuviste en la cárcel. Si yo divulgo eso y se lo cuento a Samuel, ¡quiero ver cómo le haces para casarte con él!
Sus ojos inyectados en sangre mostraban que su furia había llegado al límite.
En contraste, Fiona mantuvo su habitual calma.
—Ve y cuéntalo. De todos modos, el hecho de que estuve presa es casi de conocimiento público. Samuel ya lo sabe, así que no puedes amenazarme con eso.
¿Quería usar su boda con Samuel para chantajearla?
—No te preocupes, solo está haciendo berrinche porque no se salió con la suya. —Fiona miró pensativa hacia la puerta—. Incluso si intenta vengarse, no tengo miedo.
Ella y Samuel estaban a punto de casarse, y el anuncio de la boda estaba por salir. Nadie podía cambiar ese hecho.
Ese mismo día, a las nueve y media de la mañana, el departamento de relaciones públicas del Grupo Vizcaya Continental anunció a los medios la boda de Fiona y Samuel. La noticia se compartió masivamente y pronto se convirtió en tendencia.
Pero justo al mismo tiempo que se publicaba el anuncio, una fuente anónima expuso que Fiona había estado tres años en prisión, alegando que durante su condena había herido intencionalmente a otras reclusas, lo que desató una gran controversia.
No solo eso, sino que otro usuario con el nombre de «Bianca» se unió al ataque, afirmando que Fiona solía intimidar a sus compañeras de celda y que había causado la muerte de una reclusa condenada a pena capital, y que para compensarlo, había adoptado a la hija de esa mujer.
Debajo de la publicación adjuntó varias fotos de Fiona llevando a la niña a la escuela, lo que parecía confirmar la historia.
La repentina aparición de «Bianca» hizo que el escándalo, que ya era grande, explotara en todas las redes sociales.

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