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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1014

Antes de tener el reporte de comparación de ADN, tal vez podía engañarse a sí misma diciendo que todo era un malentendido.

Pero ahora que los resultados estaban listos y confirmaban que la sangre en la escultura era de su madre, la causa de su muerte se volvía muy sospechosa.

El problema era que, en ese entonces, ella estaba en prisión, así que no tenía idea de cómo había fallecido realmente su madre.

¿Realmente murió por enfermedad? ¿O hubo otros factores involucrados?

Todo era una incógnita.

Al escuchar la pregunta, el rostro de Azucena cambió repentinamente y su voz sonó forzada:

—Ah, esa escultura... se la compré a un amigo del medio empresarial, no sé los detalles exactos...

Quizás no esperaba que Fiona le preguntara eso, lo que provocó que tartamudeara un poco y su explicación no tuviera fluidez.

Sus ojos se movían de un lado a otro, evitando en todo momento mirar a Fiona a la cara.

Fiona entrecerró los ojos, claramente escéptica.

—¿Un amigo del medio? ¿No se supone que tus negocios fracasaron? ¿Aun así te sobraba dinero para comprar una pieza así?

Esa escultura era evidentemente artesanal. Aunque no era obra suya, se notaba que valía una fortuna.

No era algo que alguien como ella pudiera comprar fácilmente.

El precio exacto probablemente solo lo sabrían en una casa de subastas.

—Mira cómo hablas. Que haya tenido un tropiezo en los negocios no significa que no tenga contactos. —Azucena se molestó al escucharla—. Fiona, es solo una simple escultura, ¿por qué te pones tan agresiva?

Al parecer, su tía no tenía ni idea de que esa pieza tenía rastros de sangre de su madre.

Entonces, ¿la muerte de su madre realmente no tenía nada que ver con Azucena?

¿Se había equivocado al juzgarla?

Fiona cayó en un momento de duda, sin saber cómo continuar investigando.

Al verla sumida en sus pensamientos y sin decir palabra, Azucena preguntó con extrañeza:

—¿Fiona? ¿Qué te pasa?

La fría mirada de Fiona se posó sobre ella y esbozó una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—¿Prestarte para salir del apuro? ¿Y cuándo piensas pagarme? ¿Tienes solvencia para hacerlo?

Hablaba muy bonito.

Eso de «salir del apuro» era mentira; en realidad, era como echar dinero en un saco roto, igual que con el tío mayor. En cuanto soltabas el dinero, desaparecía sin dejar rastro.

Eran una familia de sanguijuelas.

—¿No te lo dije ya? ¡En cuanto gane dinero te lo devuelvo!

Al ver que no cedía, Azucena comenzó a desesperarse.

—Fiona, por favor, sigues siendo una hija de la familia Santana. No tendrás corazón para ver a tu tía en la ruina, muriéndose de hambre, ¿verdad?

Realmente no tenía otra salida.

Si tuviera alguna otra opción, no estaría ahí parada discutiendo con Fiona por estas cosas.

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